Larme

Unos cien pasos de Reims a París
para soltar todos tus abrigos,
y hacer de la noche una estaca.

O dilo mejor, para esos envidiosos
insensibles: estás solo donde
ellos afianzan la renta y la comparten

entre muchos otros miserables
a los que les gustaría colgar tu cabeza
y mostrar mejor su sonrisa blanca.

¿Los qué? Esos alacranes de mierda,
gustosos o no del pueblo bárbaro.
Traficantes, definitivamente cristianos

que no tragaron la ascesis
en cuanto al mal existente
ante la opresión, bajo la idea en dominio.

阿布拉卡达布拉*

我要将自己的心典当
直到它成为飞鸟
为这世界,新的星辰
从它身上纷纷坠落。

因为我依旧漂泊
——个外乡人——
那些城市里的桥
沉默不语,为我叹息。

我要避开暴行
避开不公正
直到黄昏染上玫瑰红
痛苦也平息。

* 阿布拉卡达布拉(abracadabra)是一句咒语,历史上人们认为将这句话铭刻在护身符上,即可产生治愈的功效。

Juan ARABIA, Shanghai Minsheng Art Museum, ed. 诗歌来到美术馆 NO.61 | 安·阿拉维亚诗歌朗读交流会. 翻译:Allinson Han. Shanghái, China, 2019.

 

Leonard Cohen, La Llama, Ediciones Salamandra, Noviembre de 2018 | Publicado en Diario PERFIL, Domingo 10 de Marzo de 2019.

Vayamos a lo específico, matemos la llama. Un libro como el recientemente publicado de Leonard Cohen (Montreal, 1934 – Los Ángeles, 2016), La Llama (The Flame), puede presentar todo tipo de conjeturas.
De “género”, podría ser la primera, y de lo que algunos poetas consideran por “poesía”. Aunque la literatura moderna no puede ignorar que tanto en Grecia como en Provenza la poesía alcanzó su máximo esplendor rítmico y métrico en momentos en que el arte poético y musical se hallaban íntimamente ligados.
Además podrían discutirse aspectos de ventajismo comercial, estructurales; o de la traducción misma de poesía, problemática que conlleva a considerar los elementos estéticos de las versiones originales.
Leonard Cohen era muy puntilloso, un perfeccionista extremo. Y esta traducción, evidentemente, no estaría representando sus brillantes alas.
No porque traicione su sentido, sino porque no lo estaría elevando a su esencia, a sus verdaderos riesgos rítmicos y musicales.
Este libro incluye una serie de textos que Cohen seleccionó y que habrían de conformar su último libro de poemas.
La Llama, título escogido por su hijo Adam debido a la repetición de la palabra “flame” a lo largo de todo su trabajo, recoge 63 poemas que el mismo autor eligió cuidadosamente de un acervo de textos inéditos y que abarca varias décadas.
Además, incluye las letras de canciones de sus últimos cuatro discos (“Alerta Azul”, “Viejas Ideas”, “Problemas Populares” y “Lo Quieres Más Oscuro”), muchas de los cuales ya habían sido publicados originalmente como poemas en The New Yorker.
Una tercera parte presenta una selección de los cuadernos que Leonard llevó consigo desde su adolescencia hasta el último día de su vida.
Además de estas tres secciones, supuestamente estipuladas por Cohen, el autor quiso incluir en el libro su memorable discurso de aceptación del Premio Príncipe de Asturias, leído en Oviedo en el 2011, junto a muchos de sus propios autorretratos y dibujos.

A diferencia de sus álbumes, esta vez nos encontramos -al menos en lo que respecta a sus primeros poemas y las notas de sus cuadernos- con un poeta que sólo tiene que valerse de palabras (en sentido rítmico y semántico).
Es el caso de la primera sección del libro, estos 63 inéditos y nuevos poemas, donde Cohen parece deshacerse de lo que habría sido su legado, en su último disco: “lo quieres más oscuro / apagamos la llama”. Acá en cambio encontramos otra posibilidad en el recorrido: “Trabajé siempre con firmeza / Pero nunca lo consideré un arte / ahí estaban los esclavos / Los cantantes encadenados y carbonizados / Pero el arco de la justicia ha cedido / Y los heridos pronto se manifestarán / Perdí mi trabajo defendiendo / Lo que le pasa al corazón”.
El autor, en ese sentido, da largas muestras de no habitar ya en La Torre de la Canción, (el poema está fechado el 24 de junio de 2016): “No era nada, sólo negocios / pero dejó una fea marca / Y aquí estoy revisitando / Lo que le pasa al corazón”; “Vendía abalorios santos / Vestía con cierta elegancia / Tenía un gato en la cocina / Y una pantera en el jardín / En la prisión de los talentosos / Me llevaba bien con el guardia / Y nunca tuve que ser testigo / De lo que le pasa al corazón”.
Hay grandes poemas, además, en esta primera parte de La Llama, como “La resaca”, “15 de enero de 2007, Cafetería Sicily”, “Pleno empleo”, “Lo que va a ocurrir 16.02.03”, “Agradecido” y “Invierno en Mount Baldy”.
Todos estos poemas cobran mayor efectividad, ya que al final del libro aparecen los originales y el lector puede comparar el sonido verdadero, carácter exclusivo de su forma de arte. En lo que respecta a la edición inglesa firmada por Robert Faggen y Alexandra Pleshoyano en julio de 2018, y que este volumen traduce e incluye, leemos: “Todo el mundo sabe que Leonard solía trabajar en sus poemas durante años, a veces décadas, antes de publicarlos, y él mismo dio éstos por concluidos”.
Probablemente, y salvo que un trabajo y esfuerzo mantenga algo del espíritu original, un libro de poesía traducido al “español” no le pueda hacer justicia a sus versos. Leonard Cohen es Bíblico. Sus letras son mesiánicas, están escritas en el lenguaje de los libros sagrados: “And fastened here, surrendered to / My Lover and My Lover, / We spread and drown as lilies do- / forever and forever”.
En el prólogo a esta edición, escrita por su hijo Adam, leemos: “Este libro contiene los últimos esfuerzos de mi padre como poeta. Ojalá lo hubiera visto terminado, y no porque en sus manos hubiera sido un libro mejor, más acabado, más generoso y estructurado, ni porque, de una manera más fiel, hubiera reflejado lo que mi padre quería ofrecer a sus lectores, sino porque su cometido era lo que lo mantenía vivo al final de sus días, su único objetivo vital”.

Leonard Cohen, La Llama. Traducción de Alberto Manzano Lizandra, Ediciones Salamandra, Noviembre de 2018 | Publicado en Diario PERFIL, Domingo 10 de Marzo de 2019.

 

 

Extraído de Juan ARABIAdesalojo de la naturaleza, Buenos Aires Poetry, Buenos Aires, 2018.

El poeta que enterró sus mentiras

Ediciones de Knopf, Dylan,
en los anaqueles de Blackwell.

Como si la literatura fuera
el único resto de humanidad que queda.

Las tierras altas de Edimburgo,
…………….la corona acéfala.

Cada paso es una constante pérdida:
dejé la lluvia en la joven Rose Street.

Los muchachos de Manchester
que bien dejaron la universidad

…………….ahora se emborrachan,
abandonando toda idea de independencia.

The poet who buried his lies

Editions of Knopf, Dylan
on the shelves of Blackwell’s.

As if literature were
the last remnant of humanity that stays behind.

The highlands of Edinburgh,
…………….the headless crown.

Each step is a constant loss:
I left the rain on young Rose Street.

The young men of Manchester
who, after leaving the university

…………….are now getting drunk,
abandoning any idea of independence.

Juan Arabia Juan Arabia en Edimburgo, en motivo de la presentación de Buenos Aires Poetry n°2 en The Scottish Poetry Library | Fotografía: Neil Leadbeater

Extraído de Juan ARABIA, Bulmenia : Poesía Reunida (2015-2021) | Buenos Aires Poetry, Buenos Aires, 2021. 

Biographia Literaria

Eras un loco, tropezando en aguas antiguas y oscuras,
una sensación occidental, cargada de pobreza occidental
…………………………………Provenza Occitana…
Definitivamente nacido, definitivamente olvidado,
claro como el húmedo resto de tu existencia.

Pero cuando las aguas subieron, y esos peces que parecían muertos
…………..aleteaban como culebras en el campo,
sonreían primero aquellos que cargaron las piezas más pesadas
…………………………………bañados de sol
aquellos que empujaron y protegieron la primera carga.

Desde cuándo permitieron alejar a algunos y acercar a otros.
Si las cosechas fueron dadas por manos serviles.
O el primer envenenamiento generó dos bandos:
ahí se imponen las polillas de seda sobre la luna,
…………..y sólo resta esperar, donde se pierden los barcos.

Extraído de BLAST II (War Number), 1915, Wyndhlam Lewis (Editor) | Ezra Pound en BLAST I & II. Traducción de Juan Arabia, Colección Abracadabra, Buenos Aires Poetry, Diciembre 2020. 

ET FAIM SALLIR LES LOUPS DES BOYS*

Me aferro al mástil,
Bañado de frío hielo salado
Me aferro al mástil —
Insidiosas olas modernas, civilización, civilizados señuelos ocultos.
Editores cobardes amenazan: “Si me atrevo”
Di esto o aquello, exprésate con libertad,
Di que odio a mis enemigos,
….Di que amo a mis amigos,
Di que creo en Lewis, escupe el último Rodin,
Di que Epstein puede tallar en piedra,
Que Brzeska puede usar el cincel,
O Wadsworth pintura;
……………………………….Entonces se apoderarán de mis tripas;
Reducirán mi salario, me obligarán a cantar su canto,
Depender de la prensa, y ser ante todo un modelo de decoro literario.
………………………………………………………………¡Mierda!
Editores cobardes amenazan,
Los amigos caen en apuros, los más hermosos mueren.
Ese es el sendero de la vida, este es mi bosque.

* François VILLON, Le testament, 1461.

ET FAIM SALLIR LES LOUPS DES BOYS

I cling to the spar,
Washed with the cold salt ice
I cling to the spar —
Insidious modern waves, civilization, civilized hidden snares.
Cowardly editors threaten: “If I dare”
Say this or that, or speak my open mind,
Say that I hate my hates,
….Say that I love my friends,
Say I believe in Lewis, spit out the later Rodin,
Say that Epstein can carve in stone,
That Brzeska can use the chisel,
Or Wadsworth paint;
……………………………….Then they will have my guts;
They will cut down my wage, force me to sing their cant,
Uphold the press, and be before all a model of literary decorum.
………………………………………………………………Merde!
Cowardly editors threaten,
Friends fall off at the pinch, the loveliest die.
That is the path of life, this is my forest.

Extraído de BLAST II (War Number), 1915, Wyndhlam Lewis (Editor) | Ezra Pound en BLAST I & II. Traducción de Juan Arabia, Colección Abracadabra, Buenos Aires Poetry, Diciembre 2020. 

Roberto Bolaño| Poesía Reunida (Publicado en Revista Ñ, 22 de mayo de 2019)

Roberto Bolaño: la vida de un poeta

Roberto Bolaño pertenece al grupo de los escritores tocados y quemados por los poetas malditos, con Rimbaud, Baudelaire y Lautréamont a la cabeza. Su idea de la poesía, tal y como la concibieron estos autores, se relaciona directamente con una específica forma de vida.
Son estos poetas un símbolo inicial, un licor extremo. Por un lado representan para Bolaño el acto más puro y radical del individuo, ya que rechazaron las normas establecidas literarias y experienciales (mediante el desarreglo de todos los sentidos, la inclinación por hospedarse en los castillos de bohemia…); y, por otro lado, y debido a la sanción social que recibieron por semejante comportamiento, representan la pobreza, la miseria y el fracaso.
Bolaño era un apasionado de la vida de los poetas. Seguramente, y a partir de esa forma, se sentía menos solitario, mejor comprendido.
Es algo que encontramos a lo largo de toda esta Poesía reunida, y que condensa una de las fundamentales características de su trabajo poético, esto es, una relación dialógica con otros autores, y por tanto el planteamiento de una concepción estética metaliteraria.
Así Bolaño dialoga, incluso, con lo más lejano de nuestra tradición lírica, el trovador Guirat de Bornelh, debatiéndose entre “El cantar oscuro / y el cantar claro”, o Paul Verlaine, Edgar Allan Poe, Alice Sheldon y John Reed. Incluso lo hace con muchos de sus coetáneos, como Efraín Huerta, Mario Santiago, Nicanor Parra y Enrique Lihn. Todos estos personajes, tan admirados por él, viven a través de su poesía y por tanto forman parte de su proyecto literario.
El paso ganado de Bolaño, y que por tanto supera al malditismo oficial, es la celebración que realiza del Tercer Mundo, multiplicador de la pobreza y del fracaso: “Demos gracias por nuestra pobreza, dijo el tipo vestido con harapos. / Lo vi con este ojo: vagaba por un pueblo de casas chatas, / hechas de cemento y ladrillos, entre México y Estados Unidos. / Demos gracias por nuestra violencia, dijo, aunque sea estéril / como un fantasma, aunque a nada nos conduzca, / tampoco estos caminos conducen a ninguna parte”.
Esto es algo que señala muy bien Manuel Vilas, abriendo nuevos horizontes, en el prólogo a esta edición: “El Tercer Mundo, es decir, México, sólo nos regala miseria y promiscuidad. Bolaño celebró el Tercer Mundo inventando una danza literaria entre la pobreza y el sexo. Porque el sexo entre pobres es más sexo que entre ricos. La pobreza convierte el sexo en rabia, en la rabia más perturbadora del universo. No hay nada más preciso para definir a un yo poético que decir cuánto dinero gana y con quién fornica. No hay nada más impúdico, y a la vez tan necesario. Los poetas se convirtieron en «perros románticos»”.
Todas estas capas (dialógicas, coyunturales, experienciales), son formativas en la obra de Bolaño, y enaltecen e impulsan a su valiente proyecto, en sentido político.
Posiblemente, y más allá de lo que muchos lectores conocen a partir de su obra narrativa, como Los detectives salvajes (el movimiento infrarraelista, fundado en México junto a Mario Santiago, a partir del vagabundeo por Distrito Federal, y cuyo objetivo era volarle la tapa de los sesos a la cultura oficial), una gran parte de sus mejores poemas se encuentra en el apartado “Manifiestos y Posiciones” de La Universidad Desconocida. En poemas como “Horda” o “La poesía latinoamericana”, Bolaño hace claro su mensaje que además multiplica y actualiza el presente lírico de nuestro idioma: “los poetas de la lengua española, cuyo nombre es / Horda, los mejores, las ratas apestosas, duchas / En el duro arte de sobrevivir a cambio de excrementos, / De ejercicios públicos de terror, los Neruda / Y los Octavio Paz de bolsillo, los cerdos fríos, ábside / O rasguño en el Gran Edificio del Poder. / Horda que detenta el sueño del adolescente y la escritura”.
El presente volumen incluye La Universidad Desconocida, una extensa recopilación de su poesía, preparada durante décadas por el autor y que finalmente fue publicada de forma póstuma en 2007.
Esta sección lo podría ser todo, ya que incluye los poemas fechados desde 1978 hasta 1993, y abarca casi toda la extensión de este libro, y por tanto de su obra.
Allí encontramos sus experiencias iniciales, la relación triádica que atraviesa al poeta constantemente desde las ciudades de Barcelona, Ciudad de México y Santiago, y que representa esa situación de incomodidad irregular en su estadía en el mundo moderno; así como los apartados “Manifiestos y posiciones”, “Gente que se aleja” (deudor de la técnica narrativa de William Burroughs), “Iceberg” (una parodia a la poética de Raúl Zurita) y “Un final feliz” (nostalgias del México salvaje y formativo), entre otros.

Poesía reunida, además, incluye los poemas publicados por Bolaño en revistas, plaquettes y volúmenes colectivos, así como los poemas de Los perros románticos (1993) y Tres (2000) que no fueron incluidos por el autor en La Universidad Desconocida.

De la misma forma que el de su admirado poeta Nicanor Parra, el héroe de los poemas de Bolaño es la persona común, la gente de a pie. Sus poemas, que por momentos se mueven hacia lugares claros, muchas veces optan por la hermeticidad (“Luz que vi como una sola daga levitando en / El altar de los sacrificios del DF”) y ascienden con aires proféticos (“Nada quedará de nuestros corazones”).
Si bien el reconocimiento de su trabajo llegó hacia 1988, fue precisamente por su incursión en el género narrativo (Premio Herralde de novela por Los detectives salvajes) y no por sus avances en materia poética.
La vida de Bolaño, que aparece a lo largo de toda su poesía, se asemeja mucho a la de los verdaderos poetas que tanto él admiraba.
Paradójico o no, en los comienzos de su vida se vio obligado a realizar diversos trabajos eventuales, desde comerciante hasta vigilante nocturno: “Poesía que tal vez abogue por mi sombra en días venideros / cuando yo sólo sea un hombre y no el hombre que con / los bolsillos vacíos vagabundeó y trabajó en los mataderos / del viejo y del nuevo continente”.
Bolaño vivió una vida llena incomodidades económicas, y de la misma forma que sus admirados Lautréamont y Rimbaud, sufrió una muerte trágica, repentina.
Como tocado y quemado por primera y última vez, multiplicando todas las formas posibles de progreso, junto a los demonios que lo empujaron al infierno, “pero escribiendo”.

 

Poesía reunida, Roberto Bolaño. Alfaguara, Septiembre 2018, 664 p.

José Domingo Gómez Rojas | Rebeldías Líricas (Publicado en Diario Perfil, 01 de noviembre de 2020)

De José Domingo Gómez Rojas (1896-1920) importan tanto sus poemas como su historia. Con sólo diecisiete años publicó Rebeldías Líricas (del que no sólo se publican poemas en esta antología), un libro profético que resultaría su única publicación en vida.

Simpatizaba con los obreros y anarquistas de la época, leía sus poemas en espacios públicos. Según el prologuista del libro, Nicolás Vidal, luego de terminar el liceo Gómez Rojas habría atravesado la cordillera a pie, para quedarse unos meses en Mendoza donde se hizo conocido y admirado dentro del ambiente anarquista.

A su regreso estudió Derecho en la Universidad de Chile y militó en las juventudes radicales, siendo parte del 24° Consejo de la Federación Obrera de Chile.

En 1920 se llevó a cabo “el proceso a los subversivos”, un año de represión del Estado chileno en contra de estudiantes y anarquistas que llevó a la cárcel a cerca de mil personas con las más insólitas pruebas.

Es el caso del joven poeta que, acusado de pertenecer al movimiento Industrial Workers of the World, fue procesado por el juez José Astorquiza.

La relación de Gómez Rojas con Astorquiza fue conflictiva desde un comienzo, y se podría alegar que la muerte del poeta fue precedida por una tortura mental y física: “No tiene derecho a dormir: un insomnio obligado (…). El frío es horroroso en esa celda inmunda (…). Y el poeta no come, no duerme (…). En ese estado frenético solo le queda gritar. Lo amordazan. ‘El poeta finge’, aseguran sus carcelarios. Entonces, al no tener voz, comienza a arañarse la cara y su rostro de a poco se va desfigurando. ‘Sigue fingiendo’, repiten. Le amarran las manos. Le amarran los pies. Lo desnudan, recibe baldes de agua fría”.

Bajo esas condiciones, contrae difteria y luego meningitis, y finalmente muere con sólo 24 años.

La poesía de Gómez Rojas, dentro de un lirismo místico y desamparado, prefiguró no sólo su propio destino, sino el de la oscura y trágica historia de Chile, así como la de muchos otros países sudamericanos: “habréis de regresar, en los éxodos / a las eternas noches del olvido.”, “El paisaje brumoso / serpentea en los cerros, tortuoso / y se desliza por las calles planas”, “El sol en el crepúsculo se apaga / como un rojo pendón… todo sangriento”.

José Domingo Gómez Rojas, Rebeldías Líricas, Ediciones Universidad Diego Portales, 2020.

Kaneko Misuzu | El alma de las flores (Publicado en Diario Perfil, 26 de enero de 2020)

Pocas veces se combinan experiencias tristes y desdichadas con resultados literarios felices. Es el caso de Kaneko Misuzu (Nagato, Japón, 1903-1930), poeta que se quitó la vida a los veintiséis años tras una larga y tortuosa relación de pareja, y de la que se publica ahora esta selección de sus poemas por primera vez en nuestro idioma.

Sabemos que su marido, además de resultar infiel, por medio de sus privilegiados derechos parentales la fue separando del mundo de los libros y le prohibió la escritura. Aunque su desgracia recién comenzaba.

Kaneko Misuzu fue contagiada por su esposo de una grave enfermedad sexual, y la pareja se divorció finalmente en 1930. No alcanzó todo esto a su exmarido, quien reclamó luego la custodia de su pequeña hija, y la poeta vencida física y emocionalmente se suicidó con una sobredosis de calmantes.

Habiendo sólo publicado algunos poemas en revistas, y tras largos años de completo olvido, fue el poeta y estudioso Setsuo Yazaki quien encontró uno de sus trabajos en una Colección de poemas infantiles de Japón.

Yazaki se demoró dieciséis años en encontrar al hermano de ella, quien seguía conservando los tres cuadernos que contenían los 512 poemas que la poeta había compilado antes de morir.

Pese a todo esto, los poemas de Kaneko Misuzu comprueban un optimismo desbordante, celebran al mundo y a la naturaleza desde un modo que sólo resulta visible para ella.

En ellos, además, quedan asentados los aportes más valiosos de la tradición de la poesía oriental, como la sencillez y el tratamiento directo de la cosa, sin artificios ni adjetivaciones: “En el cielo / una alondra canta, / están arando / el campo de tréboles”; “El paraguas del vendedor viajero / arrastra una pequeña sombra / por la calle blanca y cegadora del mediodía”.

El tratamiento directo se complementa con la yuxtaposición de imágenes concretas, y a la vez cimentadas en imágenes profundas, imágenes de naturaleza extraña y evocativa, cercanas a las representaciones surrealistas: “Nuestros ojos, / botellas de genios”; “En la profundidad del cielo azul, / como guijarros en el mar, / sumergidas, hasta que llega la oscuridad, / están las estrellas, / invisibles a la luz del día”.

Kaneko Misuzu, El alma de las flores. Traducción de Yumi Hoshino y María José Ferrada, Satori Ediciones, 2019.

William Carlos Williams | Paterson. Traducción de Silvia Camerotto (Publicado en Revista Ñ, 27 de agosto de 2020)

 — Nueva traducción, integral, de Paterson, de William Carlos Williams, un celebrado clásico de la lírica norteamericana.

La poesía moderna siempre necesitó superar la barrera existente entre las formas de versificación clásicas y las nuevas y fluctuantes formas de producción de sentido.
De la misma forma que una lengua no es un sistema cerrado, la poesía tampoco puede responder a exigencias de orden de antaño.
Aún hoy muchos creen que la utilización del metro y la rima responde a un carácter intrínseco del género, cuando en realidad fueron necesidades propias de una época que no tenía la facilidad de reproducir aquello que le parecía valioso y que por tanto recurría a la memorización.
Incluso así, ya desde el siglo XIII, muchos trovadores como Arnaut Daniel arriesgaron formas de versificación herméticas y cerradas, imitando en su ritmo el sonido de los pájaros y por tanto limitando y dificultando la posible memorización y circulación de su obra en la posteridad.
Cuando William Carlos Williams comenzó a escribir Paterson, el modelo que imperaba y triunfaba en su propio idioma era el de T.S. Eliot, un poeta estadounidense que ─con absoluta originalidad─ absorbía en sus trabajos lo mejor de la herencia de la cultura europea y que, sin embargo, no había hecho demasiado por encontrar lo propio del verso y el ritmo de la cultura norteamericana, sino responder a las exigencias del oído y percepción del habla inglesa.
Así recordaba todo esto Williams años más tarde en su Autobiografía: “Tuve que observar como él [Eliot], el idiota, me robaba el mundo, entregándoselo al enemigo”.
Paterson es, en ese sentido, la ejecución de un programa poético. Por un lado, con una exigencia explícita ya desde su comienzo: “no hay ideas sino en las cosas”. Algo muy simple pero que no puede significar otra cosa que el lenguaje no es el vestido sino la encarnación de los pensamientos, la experimentación del poema como una realidad inmediata.
Y la búsqueda de Williams se da precisamente en el intento de representar la fidelidad de esa experiencia, incorporando los elementos propios del habla estadounidense.
Esta exigencia se hace visible, además de la incorporación de distintas temáticas, territorios y clases sociales, a partir de la introducción de las pausas versales o versos sangrados (facilitando una relación estrecha entre un verso y otro, añadiendo velocidad rítmica) y mediante la invención de lo que Williams denominó “pie variable”, una estructura de composición que responde a las acentuaciones fuertes en términos de duración en el tiempo, a diferencia del conteo tradicional de sílabas.
Al final del libro primero de Paterson, el poeta recurre a una cita de John Addington Symonds para dar a conocer mejor algunas de sus ideas abordadas: “Al aceptar este metro vacilante, los griegos demostraron su agudo sentido estético de la corrección, reconociendo la armonía que subsiste entre los versos duros y los temas retorcidos de los que se ocupan (…). El verso deforme era apto para la moralidad deforme”.
Esta reciente e íntegra edición, que incluye además los fragmentos de una sexta parte de Paterson que fueron encontrados en los papeles de Williams luego de su muerte, intenta homologar el cuidado del poeta y representar de forma “parcialmente” fidedigna todos estos elementos que hoy forman parte de la terminología precisa del verso libre.
Posiblemente Paterson responda a aquello que Ezra Pound, su amigo, había exigido a su época y al arte de vanguardia con su mandato “Make it new” (hacerlo nuevo).
Uno puede pasar de una lectura automática, carente de goce estético, a versos esenciales y maravillosos como: “La provincia del poema es el mundo. / Cuando sale el sol, sale en el poema / y cuando se pone y cae la oscuridad / el poema es oscuro”.
Porque obras como Paterson, así como los Cantos de Pound o el Ulises de Joyce, presentan un sistema de sobrecarga, un plusvalor que posiciona muchas veces a sus propios programas por encima de la experiencia poética.
O dicho de otro modo, pero con cierto optimismo: se trata de obras que aún no hallan un terreno del todo fértil, como un barco sin anclaje, y que sólo encuentran un horizonte de sentido en la difusa posteridad.

William Carlos Williams, Paterson. Traducción de Silvia Camerotto, Ediciones en Danza, 2020, 234 p.