Dylan Thomas, COLLECTED POEMS 1934-1953, EVERYMAN (J. M. DENT), LONDON, pp. 15-16 | Traducción de Juan Arabia para Buenos Aires Poetry, 2018 | DYLAN THOMAS. IMAGE: HULTON ARCHIVE/GETTY. TINTING BY DAN MURRELL
–
–
Si me hiciera cosquillas el roce del amor
Si me hiciera cosquillas el roce del amor, Si una tramposa chica me robara a su lado, Y quebrara su nido rompiendo mi cuerda vendada, Si el rojo cosquilleo como el parir del ganado Pudiera arrancar una risa de mi pulmón, No temería al diluvio ni a la manzana Ni a la maligna sangre de la primavera.
¿Será hombre o mujer? Se preguntan las células, Dejando caer la ciruela como fuego de la carne. Si me hiciera cosquillas la cabellera incubadora, El hueso alado que crece en los talones, La picazón del hombre en el muslo del bebé, No temería al hacha ni a la horca Ni a las cruzadas varas de la guerra.
¿Será hombre o mujer? se preguntan los dedos Que llenan con tiza las paredes de hombres y mujeres inmaduras. Si me hiciera cosquillas el hambre de erizo No temería a la musculatura del amor Ensayando calor sobre un nervio en carne viva. No temería al diablo en su lomo Ni a la abierta tumba.
Si me hiciera cosquillas el roce de los amantes Que no borra la pata de gallo ni el cerrojo De la vieja y enferma virilidad en las mandíbulas caídas, El tiempo y los cangrejos y la dulce cuna¹ Me dejaría frío como manteca para las moscas, La escoria del mar podría ahogarme al romper Muerto en los pies de los novios.
La mitad de este mundo es del diablo, la otra mitad es mía, Tonto por esa droga fumada en una chica Y enredado en el brote que su ojo bifurca. La pierna de un anciano con una médula en mi hueso, Y todos los arenques que huelen en el mar, Me siento y miro el gusano debajo de mi uña Desgastando la vida².
Y éste es el roce, el único roce que hace cosquillas. El nudoso mono que se balancea a lo largo de su sexo Desde la húmeda oscuridad hasta el tirón de la enfermera No puede hacer surgir la medianoche de una sonrisa, Ni cuando encuentra la belleza en el pecho Del amante, la madre, los amantes o sus seis Pies en el polvo que se frota.
¿Y cuál es el roce? ¿La pluma de la muerte en el nervio? ¿Tu boca, amor mío, el cardo en el beso? ¿Mi broma³ de Cristo nacida sobre el árbol entre espinas? Las palabras de la muerte4 son más secas aún que su rigidez, Mis verbosas heridas están impresas con tu cabello. Me haría cosquillas el roce del amor, entonces: Hombre, sé mi metáfora.
–
If I were tickled by the rub of love
If I were tickled by the rub of love, A rooking girl who stole me for her side, Broke through her straws, breaking my bandaged string, If the red tickle as the cattle calve Still set to scratch a laughter from my lung, I would not fear the apple nor the flood Nor the bad blood of spring.
Shall it be male or female? say the cells, And drop the plum like fire from the flesh. If I were tickled by the hatching hair, The winging bone that sprouted in the heels, The itch of man upon the baby’s thigh, I would not fear the gallows nor the axe Nor the crossed sticks of war.
Shall it be male or female? say the fingers That chalk the walls with green girls and their men. I would not fear the muscling-in of love If I were tickled by the urchin hungers Rehearsing heat upon a raw-edged nerve. I would not fear the devil in the loin Nor the outspoken grave.
If I were tickled by the lovers’ rub That wipes away not crow’s-foot nor the lock Of sick old manhood on the fallen jaws, Time and the crabs and the sweethearting crib Would leave me cold as butter for the flies The sea of scums could drown me as it broke Dead on the sweethearts’ toes.
This world is half the devil’s and my own, Daft with the drug that’s smoking in a girl And curling round the bud that forks her eye. An old man’s shank one-marrowed with my bone, And all the herrings smelling in the sea, I sit and watch the worm beneath my nail Wearing the quick away.
And that’s the rub, the only rub that tickles. The knobbly ape that swings along his sex From damp love-darkness and the nurse’s twist Can never raise the midnight of a chuckle, Nor when he finds a beauty in the breast Of lover, mother, lovers, or his six Feet in the rubbing dust.
And what’s the rub? Death’s feather on the nerve? Your mouth, my love, the thistle in the kiss? My Jack of Christ born thorny on the tree? The words of death are dryer than his stiff, My wordy wounds are printed with your hair. I would be tickled by the rub that is: Man be my metaphor.
–
–
NOTAS
1 Si bien el poema está lleno de connotaciones sexuales y “crabs” podría leerse además como ladillas (esto podría acentuarse en relación a “sweethearting”, el lecho del amor), la imagen de “crabs” aparece en otros poemas de Dylan Thomas (Poem in October) donde elementos y escenarios del mar resultan siempre protagónicos. Además, el crítico William York Tindall en A reader’s guide to Dylan Thomas, New York, Farrar, Straus and Cudahy, 1962 sugiere que: “Cangrejos (de Hamlet II, ii, 205) quizás pueda significar la forma de andar del cangrejo, homóloga a la de un anciano” (en este caso, representando la vejez, tema fundamental cuarto hemistiquio). Por otro lado, el efecto de “crabs” convierte, en un juego fonético, en el lecho de amor en una cuna (“cribs”).
2 “Wearing the quick or life away” (William York Tindall, op. cit., pp. 48-49).
3 Tomado de Gerard Manley Hopkins: “I am all at once what Christ is, / since he was what I am, and This Jack, joke, poor potsherd, / patch, matchwood, immortal diamond, / Is immortal diamond.”
4 “wordy wounds of poetry” (William York Tindall, op. cit., pp. 48-49).
–
–
–
DYLAN THOMAS. IMAGE: HULTON ARCHIVE/GETTY. TINTING BY DAN MURRELL
Seymour Glass, acaso el segundo personaje más conocido de J. D. Salinger, escribió y recitó de “forma extraoficial” poesía china y japonesa durante los treinta y un años de su existencia (cualquier lector de su obra habrá leído el final de su vida en “A Perfect Day for Bananafish”, de Nine Stories). Según cuenta su hermano Buddy en Seymour-An Introduction, Seymour empezó a componer formalmente estas formas una mañana, a los once años, en la sala de lectura de la biblioteca pública de Broadway.
Lo cierto es que Buddy, en esta novela, cita sólo uno de estos poemas (o bien un intento de aproximación a estas formas) escrito por Seymour a los ocho años:
John Keats/ John Keats/ John/ Please put your scarf on¹. John Keats / John Keats / John / Por favor, ponte tu bufanda.
Es posible que Seymour haya lamentado la tuberculosis fatal de Keats, (no más de lo que lamentamos la traducción de Edhasa, que intercambió “scarf” por “pantalón”) condición y enfermedad agravada por el frío (de hecho, los médicos le habían aconsejado al poeta inglés que se marchara de Londres). Pero lo cierto es que hay otro poema, originalmente escrito en japonés, y al que Buddy hace más de una referencia en Seymour-An Introduction. Compuesto el día en el que Seymour terminó con su vida (de hecho, el joven Glass jugaba con una niña en el mar), fue traducido al inglés por su hermano Buddy. Este poema apareció por primera vez en Zooey, publicado en la edición de mayo de 1957 en The New Yorker (para más tarde ser publicado junto a Franny):
The little girl on the plane / Who turned her doll’s head around². La pequeña niña del avión / Que dio vuelta la cabeza de su muñeca / Para que me mire.
El Haiku, aún tímidamente, se presentó para Salinger como una especie de llave y salida de Occidente. Le permitió llevar a su literatura (y forma de ficción) a un nivel totalmente distinto, muy próximo al hermético juego que Kafka se permitió en sus Diarios.
Por fuera de la familia Glass, en “The Inverted Forest” -una historia escrita y publicada en Cosmopolitan Magazine hacia 1947- Salinger recreó la historia de un joven poeta llamado Ray Ford. Y de la misma forma que sucede con Seymour, y si bien nunca llegamos a juntar numerosas piezas, el pez banana irrumpe con todo su esplendor:
Not a wasteland, / but a great inverted forest / with all the foliage underground³. No es un desierto, / sino un gran bosque invertido / con todo el follaje bajo tierra.
–
–
NOTAS
¹ Seymour: An Introduction by J.D.Salinger, 1959-Source: The New Yorker, June 6, 1959. ² Zooey by J. D. Salinger, Fiction: The New Yorker, May 4, 1957. ³ 22 STORIES by J.D. Salinger. THE INVERTED FOREST. Cosmopolitan December 1947: http://www.geegaw.com/stories/the_inverted_forest.shtml
Tal como indican las notas de la edición de Collected Poems 1934-1953 (Everymen • J. M. Dent, London) la primera versión de este poema, cuyo título era simplemente “Fourteen”, data del primero de marzo de 1933. El joven de Swansea de dieciocho años aún no había realizado su primer viaje a Londres. Por lo tanto, era una etapa de “larga espera” y al vez de “temor”. El 13 de junio de 1936, Dylan Thomas tomó el borrador del cuaderno y reescribió una nueva versión. El joven poeta ya era una celebridad y vivía en Londres, luego de la publicación de 18 Poems (1935).
–
–
He deseado alejarme
He deseado alejarme del silbido de la gastada mentira y de los viejos terrores que continúan llorando que crecen en más terribles cuando el día traspasa la colina y entra en el mar profundo, he deseado alejarme de la repetición de los saludos, porque aquí hay fantasmas en el aire y fantasmagóricos ecos en las páginas. y un estruendo de notas y llamadas.
He deseado alejarme pero tengo miedo; alguna vida, no gastada, podría explotar fuera de la vieja mentira que arde sobre el mundo y, reventando en el aire, dejarme medio ciego. No por el miedo antiguo de la noche, el sombrero alejándose de los cabellos, labios fruncidos sobre el receptor, caeré en la pluma de la muerte. Por esto no tendría miedo de morir, mitad convención y mitad mentira.
–
I have longed to move away
I have longed to move away From the hissing of the spent lie And the old terrors’ continual cry Growing more terrible as the day Goes over the hill into the deep sea; I have longed to move away From the repetition of salutes, For there are ghosts in the air And ghostly echoes on paper, And the thunder of calls and notes.
I have longed to move away but am afraid; Some life, yet unspent, might explode Out of the old lie burning on the ground, And, crackling into the air, leave me half-blind. Neither by night’s ancient fear, The parting of hat from hair, Pursed lips at the receiver, Shall I fall to death’s feather. By these I would not care to die, Half convention and half lie.
–
–
EXTRAÍDO DE DYLAN THOMAS, COLLECTED POEMS 1934-1953, EVERYMAN (J. M. DENT), LONDON, P. 53. Traducción de Juan Arabia para Buenos Aires Poetry, 2018.
Fotografía: Portrait of Welsh poet Dylan Thomas (1914 – 1953) as he sits in an unidntified bar, early 1950s. (Photo by Arthur Fellig).
Sus mejillas están manchadas por pena, sus ágiles versos Tropiezan, los borrachos que cenan les arrojan huesos Si no se apresuran: Hay algo temeroso en su canción que Los fastidia, un dolor desconocido, como un campesino Que vulgarmente viste la piel de una vaca Irrumpe sin dar aviso, cacareando y tosiendo, Agitando un palo de acebo aún sin pelar en su mano, Entra en la sala cubierta de escudos, cortinas de seda Y con brillo de joyas, donde doce reyes juegan sentados al ajedrez Sobre piezas de pálido bronce y de oro, Y, con hechizo grosero, Tira abajo las vigas y deja afuera a las reinas— Las de pecho salvaje de cisne, de rosadas y rojas mejillas, hijas con cabello de cuervo, a las que admiran— Para que puedan revolver de sus negras ollas y descansar en la paja.
—-
The Bards
Their cheeks are blotched for shame, their running verse Stumbles, with marrow bones the drunken diners Pelt them as they delay : It is a something fearful in the song Plagues them, an unknown grief that like a churl Goes commonplace in cowskin And bursts unheralded, crowing and coughing, An unpilled holly-club twirled in his hand, Into their many-shielded, samite-curtained Jewel-bright hall where twelve kings sit at chess Over the white-bronze pieces and the gold, And by a gross enchantment Flails down the rafters and leads off the queens— The wild-swan-breasted, the rose-ruddy-cheeked Raven-haired daughters of their admiration— To stir his black pots and to bed on straw.
Unos cien pasos de Reims a París para soltar todos tus abrigos, y hacer de la noche una estaca.
O dilo mejor, para esos envidiosos insensibles: estás solo donde ellos afianzan la renta y la comparten
entre muchos otros miserables a los que les gustaría colgar tu cabeza y mostrar mejor su sonrisa blanca.
¿Los qué? Esos alacranes de mierda, gustosos o no del pueblo bárbaro. Traficantes, definitivamente cristianos
que no tragaron la ascesis en cuanto al mal existente ante la opresión, bajo la idea en dominio.
–
–
Juan Arabia (Buenos Aires, 1983) es poeta, traductor y crítico literario. Autor de numerosos libros de poesía, traducción y ensayos, entre sus títulos más recientes se encuentran: Il Nemico dei Thirties (Samuele Editore, Collana Scilla, 2017), Desalojo de la naturaleza (Buenos Aires Poetry, 2018), L´Océan Avare (Al Manar, Voix Vives de Méditerranée en Méditerranée, 2018) y Hacia Carcassonne (Pre-Textos, 2020). Egresado de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires, ejerce la crítica literaria además en el Suplemento de Cultura del Diario Perfil y en Revista Ñ de Diario Clarín, entre otros. Luego de la publicación de El Enemigo de los Thirties (2015), premiado en Francia, Italia y Macedonia, Juan Arabia participó en varios festivales de poesía en Latinoamérica, Europa y China. En el 2018 fue invitado al festival de poesía en Francia (Sète) Voix Vives en representación de Argentina, así como en 2019 participó del encuentroPoetry Comes to Museum LXI auspiciado por el Shanghai Minsheng Art Museum, siendo el segundo poeta latinoamericano en ser invitado.
Leonard Cohen, La Llama, Ediciones Salamandra, Noviembre de 2018 | Publicado en Diario PERFIL, Domingo 10 de Marzo de 2019.
–
–
Vayamos a lo específico, matemos la llama. Un libro como el recientemente publicado de Leonard Cohen (Montreal, 1934 – Los Ángeles, 2016), La Llama (The Flame), puede presentar todo tipo de conjeturas. De “género”, podría ser la primera, y de lo que algunos poetas consideran por “poesía”. Aunque la literatura moderna no puede ignorar que tanto en Grecia como en Provenza la poesía alcanzó su máximo esplendor rítmico y métrico en momentos en que el arte poético y musical se hallaban íntimamente ligados. Además podrían discutirse aspectos de ventajismo comercial, estructurales; o de la traducción misma de poesía, problemática que conlleva a considerar los elementos estéticos de las versiones originales. Leonard Cohen era muy puntilloso, un perfeccionista extremo. Y esta traducción, evidentemente, no estaría representando sus brillantes alas. No porque traicione su sentido, sino porque no lo estaría elevando a su esencia, a sus verdaderos riesgos rítmicos y musicales. Este libro incluye una serie de textos que Cohen seleccionó y que habrían de conformar su último libro de poemas. La Llama, título escogido por su hijo Adam debido a la repetición de la palabra “flame” a lo largo de todo su trabajo, recoge 63 poemas que el mismo autor eligió cuidadosamente de un acervo de textos inéditos y que abarca varias décadas. Además, incluye las letras de canciones de sus últimos cuatro discos (“Alerta Azul”, “Viejas Ideas”, “Problemas Populares” y “Lo Quieres Más Oscuro”), muchas de los cuales ya habían sido publicados originalmente como poemas en The New Yorker. Una tercera parte presenta una selección de los cuadernos que Leonard llevó consigo desde su adolescencia hasta el último día de su vida. Además de estas tres secciones, supuestamente estipuladas por Cohen, el autor quiso incluir en el libro su memorable discurso de aceptación del Premio Príncipe de Asturias, leído en Oviedo en el 2011, junto a muchos de sus propios autorretratos y dibujos.
A diferencia de sus álbumes, esta vez nos encontramos -al menos en lo que respecta a sus primeros poemas y las notas de sus cuadernos- con un poeta que sólo tiene que valerse de palabras (en sentido rítmico y semántico). Es el caso de la primera sección del libro, estos 63 inéditos y nuevos poemas, donde Cohen parece deshacerse de lo que habría sido su legado, en su último disco: “lo quieres más oscuro / apagamos la llama”. Acá en cambio encontramos otra posibilidad en el recorrido: “Trabajé siempre con firmeza / Pero nunca lo consideré un arte / ahí estaban los esclavos / Los cantantes encadenados y carbonizados / Pero el arco de la justicia ha cedido / Y los heridos pronto se manifestarán / Perdí mi trabajo defendiendo / Lo que le pasa al corazón”. El autor, en ese sentido, da largas muestras de no habitar ya en La Torre de la Canción, (el poema está fechado el 24 de junio de 2016): “No era nada, sólo negocios / pero dejó una fea marca / Y aquí estoy revisitando / Lo que le pasa al corazón”; “Vendía abalorios santos / Vestía con cierta elegancia / Tenía un gato en la cocina / Y una pantera en el jardín / En la prisión de los talentosos / Me llevaba bien con el guardia / Y nunca tuve que ser testigo / De lo que le pasa al corazón”. Hay grandes poemas, además, en esta primera parte de La Llama, como “La resaca”, “15 de enero de 2007, Cafetería Sicily”, “Pleno empleo”, “Lo que va a ocurrir 16.02.03”, “Agradecido” y “Invierno en Mount Baldy”. Todos estos poemas cobran mayor efectividad, ya que al final del libro aparecen los originales y el lector puede comparar el sonido verdadero, carácter exclusivo de su forma de arte. En lo que respecta a la edición inglesa firmada por Robert Faggen y Alexandra Pleshoyano en julio de 2018, y que este volumen traduce e incluye, leemos: “Todo el mundo sabe que Leonard solía trabajar en sus poemas durante años, a veces décadas, antes de publicarlos, y él mismo dio éstos por concluidos”. Probablemente, y salvo que un trabajo y esfuerzo mantenga algo del espíritu original, un libro de poesía traducido al “español” no le pueda hacer justicia a sus versos. Leonard Cohen es Bíblico. Sus letras son mesiánicas, están escritas en el lenguaje de los libros sagrados: “And fastened here, surrendered to / My Lover and My Lover, / We spread and drown as lilies do- / forever and forever”. En el prólogo a esta edición, escrita por su hijo Adam, leemos: “Este libro contiene los últimos esfuerzos de mi padre como poeta. Ojalá lo hubiera visto terminado, y no porque en sus manos hubiera sido un libro mejor, más acabado, más generoso y estructurado, ni porque, de una manera más fiel, hubiera reflejado lo que mi padre quería ofrecer a sus lectores, sino porque su cometido era lo que lo mantenía vivo al final de sus días, su único objetivo vital”.
–
–
Leonard Cohen, La Llama. Traducción de Alberto Manzano Lizandra, Ediciones Salamandra, Noviembre de 2018 | Publicado en Diario PERFIL, Domingo 10 de Marzo de 2019.