En coincidencia con los 100 años del nacimiento de Jack Kerouac, se publica Las mejores mentes de mi generación, que reivindica las virtudes de estos míticos compañeros de ruta.


Editado por Bill Morgan, Las mejores mentes de mi generación: Historia literaria de la Generación Beat, reúne las conferencias que Ginsberg dictó en Naropa Institute de Boulder (Jack Kerouac School of Disembodied Poetics) y en la Universidad de Brooklyn entre 1977 y 1994.

La etiqueta de “rebelión social” ha ocultado la radical propuesta de una visión suprema de la realidad, una ruptura con la naturaleza de la conciencia corriente que ponía de manifiesto la existencia de una más amplia: “Nuestra búsqueda elemental de una forma de mentalidad original, o mentalidad central, no era una rebelión de modo alguno, aunque, como es lógico, en la búsqueda de un corazón o una mentalidad más amplios había que reventar algunas convenciones sociales”.

El budismo, las drogas, el jazz, la influencia de la cultura negra, los viajes a México, fueron solo algunos de los elementos que ayudaron a ampliar estos horizontes. Gracias a estas interrelaciones, por ejemplo, se sentaron las bases de uno de los enfoques más interesantes de la poesía moderna.

Era la misma época, los años cuarenta, cuando William Carlos Williams introducía en el verso la idea de medida variable (pie variable) del habla estadounidense. Mientras saxofonistas como Lester Young y Charlie Parker, y trompetistas como Dizzy Gillespie y Miles Davis hacían algo equivalente con el jazz: el saxofón reflejaba el ritmo respiratorio del habla y era como si hablase con el acento conversacional o con el de la charla excitada. Se había introducido en la música y, esto es lo más importante, un elemento de la voz real reflejaba las irregularidades rítmicas del habla de los negros.

Lo anterior fue decisivo para el principal protagonista de estas conferencias, Jack Kerouac, y tal fue la teoría consciente que aplicó deliberadamente en Mexico City Blues. Sin duda a Ezra Pound, amante de la poesía provenzal (donde música y lírica se fusionaban en una), le hubiera gustado saber que los poemas de Kerouac eran simples canciones (imitaciones de ritmos y respiraciones de Charlie Parker) de tres minutos que entraban y salían de los oídos de todo el mundo, incluidos los suyos.

Las conferencias de Ginsberg muchas veces trabajan con este tipo de material, minucias del oficio, detalles técnicos, avances formales, aunque por momentos recurre a descripciones históricas y simples anécdotas. En estas páginas puede recorrerse la ciudad de Nueva York en los años cuarenta, y los lugares más emblemáticos donde se forjó la generación Beat: el Times Square como centro de gravedad, la Octava Avenida con sus bares de ancianos y adictos: “Europeos, maricones europeos, ocultos y al acecho. Burroughs exploró las drogas, exploró el Times Square y eso (es lo que) nos intrigaba a Jack y a mí, la exploración del mal, de lo siniestro”.

William Burroughs es otro de los protagonistas de este libro, a quien Ginsberg retrata como un simple hombre de acción: “No se consideraba en absoluto un escritor. Le interesaba más aprender a robar a los borrachos del metro y deambular por la Octava Avenida con yonquis. Era como Jean Genet, le atraía el mismo concepto de la moralidad y de las costumbres (…) No era un escritor entregado, se entregaba a otras cosas, se entregaba total y sacramentalmente a explorar su conciencia en cierto sentido, a llegar al final de su mente. Quería meterse en el pozo, el pozo del infierno o el paraíso, para ver lo que había en el fondo”.

Burroughs siempre fue un escéptico sobre el oficio. Escribir, para él, era una actividad romántica, hasta que le encontró una función práctica. Los análisis e interpretaciones en estas conferencias de obras como YonquiQueer El almuerzo desnudo demuestran la naturaleza política de su narrativa, de su obsesión por llegar al interior del lenguaje (palabra-virus que produce la identificación del deseo a través de la fijación lingüística), para llegar al interior de la conciencia y modificarla.

Otra de las figuras que trabaja Ginsberg en profundidad es la del poeta Gregory Corso, tan amigo y confidente suyo como Burroughs y Kerouac. A diferencia de ellos, la salida de la conciencia ordinaria en Corso se da a partir de lo que él mismo denominaba “automatismo”, una idea estética que implica tomar imágenes y símbolos y hacer que se contradigan continuamente, esto es, forjar asociaciones automáticas opuestas: “No dispares al jabalí: / Un niño se me acercó / agitando un océano con un palo”. Se trata de impugnar cada verso, cada verso se niega un poco a sí mismo. El método de Corso tiende a lo contrario, lo opuesto. La belleza como lo inesperado, la belleza como contrasentido, la belleza como sorpresa, la belleza como irrealidad, la belleza como cualquier cosa menos lo que se espera.

Ginsberg dedica, además, algunos apartados a Peter Orlovsky, Carl Solomon y John Clellon Holmes, así como a su propia correspondencia con William Carlos Williams y su expulsión de la Universidad de Columbia. Con inédita pasión y erudición, Allen Ginsberg trabaja sobre un material difícil de maniobrar y traicionar: la dinamita en el corazón de grandes escritores.

Todos ellos sabían, y posiblemente más que cualquier otra generación o movimiento, que estaban catalizando un gran cambio cultural. Aunque muy especialmente Ginsberg atiende cada una de las particularidades de sus integrantes. Cada uno con su propia vida secreta, sus propias humillaciones y victorias. Lo que importa en la literatura, de forma definitiva, es contar la verdadera historia del mundo.

Un pasaje dedicado a los últimos años de Kerouac, su trágico final y sus años de fama, da muestra suficiente del calibre del libro: “Kerouac era realmente un genio solitario e innovador que se adentraba por su cuenta en áreas de composición no reconocidas ni cartografiadas, con valentía suficiente para hacerlo solo. No tenía apoyos, no ya de la sociedad, sino ni siquiera de sus amigos, de su mujer, de su madre, de nadie. Yo estaba involucrado en la aventura de un modo personal, pero más que un apoyo era un lastre. Estoy totalmente avergonzado de aquel papel. Al cabo de unos meses le escribí cartas en que trataba de disculparme y de decirle lo mucho que me gustaba la obra. Me gustó inmediatamente, pero al mismo tiempo me pareció invendible y (como agente) pensaba desde el punto de vista de la publicación. Fue una lección traumática que aprendí sobre las condiciones del arte auténtico. A veces las cosas son desagradables. Cuando rompes la cáscara, brota mierda por la grieta y a veces es un verdadero lío, como en los partos de verdad”.


Las mejores mentes de mi generación. Historia literaria de la Generación Beat. Trad. Antonio-Prometeo Moya. Editorial Anagrama, 528 págs.

18/03/2022 | Clarín.com | Revista Ñ | Literatura

Asociado a menudo con el Renacimiento de San Francisco y la Generación Beat (participó de la emblemática lectura poética en la Six Gallery, y personificó a uno de los protagonistas de Los vagabundos del dharma de Kerouac), el mayor mérito de Gary Snyder fue erigir un puente entre la poesía moderna norteamericana y la cultura oriental.

Nacido en la ciudad de San Francisco en 1930, compartió con Allen Ginsberg y Jack Kerouac no sólo la amistad, sino también el objetivo de rescatar en su trabajo la vivacidad y la espontaneidad del habla coloquial. Sin embargo, y pese a estas semejanzas, uno de sus principales proyectos personales fue viajar al sudeste asiático.

Para ello, y tras finalizar sus estudios en la Universidad de Reed en Portland, se inscribió en el Departamento de Culturas y Lenguas Asiáticas de la Universidad de California en Berkeley, donde tomó clases de chino y Literatura Clásica China y donde comenzó a traducir al poeta tardío de la dinastía Tang, Han San.

En 1956, finalmente, obtuvo la beca del First Zen Institute of America y partió hacia Japón donde residiría durante casi doce años en las inmediaciones del Templo Daitoku-ji. A diferencia de muchos compañeros de su generación, que se quedaron en las grandes ciudades para enfrentar y denunciar al “Moloch” de la urbe (“tengo unos pocos amigos, pero están en las ciudades”), el salto de Snyder implicó una ruptura con la civilización occidental “judeo-capitalista-cristiana-marxista”.

Esta nueva selección de la poesía de Snyder, traducida ahora en nuestro país por Esteban Moore y Patricia Ogan Rivadavia, presenta un amplio recorrido por su trabajo, desde su primer título, Riprap and Cold Mountain Poems (1959), pasando por Turtle Island (1974) hasta Mountains and Rivers Without End (1996), entre otros.

La poesía de Snyder describe actos y hechos concretos. Al igual que la temática de la poesía de la dinastía Tang (período más alto y fructífero de la poesía china), su trabajo se nutre de la exaltación de la naturaleza, la descripción del paisaje, generalmente en función de determinados estados de ánimo del autor, de algún sentimiento o idea que quiere expresar: “En este mundo en llamas, turbio, mentiroso,/ bañado en sangre/ ese tranquilo encuentro en las montañas/ fresco y suave como los hocicos de/ tres alces, me ayuda a mantenerme cuerdo”.

La separación, la despedida y el distanciamiento de los seres cercanos (prácticas muy repetidas en la dinastía Tang, producto del estilo de vida libre y retirado de los grandes literatos), es otro de los rasgos que comparte con la escuela de Li Bai, Du Fu y Wang Wei: “No me molesta –vivir así / Cerros verdes –la extensa playa azul / Pero a veces –durmiendo a la intemperie/ Pienso en aquel tiempo –cuando te tenía”.

Todos estos poemas fluyen, además, a partir de los principales cimientos de la poesía moderna en lengua inglesa, y se adaptan al reclamo de Ezra Pound en tanto tratamiento directo y musical (no métrico), y de William Carlos Williams en tanto búsqueda de ritmo y habla propia de los Estados Unidos (Snyder hace un uso magistral de las pausas versales).

Desde 1969, vive en el paisaje agreste de la cuenca del río Yuba, al pie de la Sierra Nevada, en el estado de California. Además de sus aportes literarios, en las últimas décadas se ha convertido en un reconocido vocero de la defensa del medio ambiente y de las culturas conscientes de la preservación del hábitat natural.

La poesía, el budismo Zen, la práctica diaria del zazen, han sido para Snyder los puentes que han permitido el desarrollo de una nueva ética, una nueva estética y por tanto un nuevo estilo de vida: “El arroyo con sus sonidos es una larga lengua extendida./ La vaga imagen de la montaña en sombras un ancho cuerpo despierto./ Atravesando la noche canto tras canto./ ¿Cómo podré expresarme cuando amanezca?”.


03/02/2022 19:11 Clarín.com Revista Ñ Literatura Reseñas

Selección poética, Gary Snyder. Trad. Patricia Ogan Rivadavia y Esteban Moore. Alción Editora, 141 págs.

Juan Arabia (Buenos Aires, 1983) es poeta, traductor y crítico literario. Autor de numerosos libros de poesía, traducción y ensayos, entre sus títulos más recientes se encuentran: Desalojo de la naturaleza (Buenos Aires Poetry, 2018), L´Océan Avare (Al Manar, Voix Vives de Méditerranée en Méditerranée, 2018), Hacia Carcassonne (Pre-Textos, 2021) y Verso Carcassonne (Raffaelli Editore, 2022). Titulado de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires, ejerce la crítica literaria además en el Suplemento de Cultura del Diario Perfil y en Revista Ñ de Diario Clarín, entre otros.

Luego de la publicación de El Enemigo de los Thirties (2015), premiado en Francia, Italia y Macedonia, Juan Arabia participó en varios festivales de poesía en Latinoamérica, Estados Unidos, Europa y China. En el 2018 fue invitado al festival de poesía en Francia (Sète) Voix Vives en representación de Argentina, así como en 2019 participó del encuentro Poetry Comes to Museum LXI auspiciado por el Shanghai Minsheng Art Museum, siendo el segundo poeta latinoamericano en ser invitado. Bulmenia (Buenos Aires Poetry, 2022) es su sexto libro de poesía.



Bulmenia III

Por un momento, y quizás por muchos años,
se agotaron los peces de Brescia
mientras el disparo del suicida coronaba las flores
más blancas y frescas del mercado.

Por eso bendice a los muertos esta noche
que desde su aburrimiento asfixian tu lámpara,
desde su silencio llenan tu copa
con el soplo estéril de sus vientres.

O ilumina tu rostro como el de un océano,
respira la profunda tristeza de los débiles,
camina por las calles menos transitadas
y llena tus bolsillos del oro defecado por el tiempo.

Ese alucinador que repta como un cangrejo
cambiando todos los espacios y direcciones.
Así llenaron tus pulmones de cisnes negros,
de tu corazón formaron una alcantarilla.

布雷西亚鱼


Poema escrito en Sourdough Mountain

El poeta Gary Snyder
estuvo seis semanas en el 53
en la cresta de esta roca
y vio todo lo que vigía ve,
vio las montañas moverse
y el profundo final del océano
vio el viento y el agua quebrarse
y al venado ramificar sus cuernos.


Pond Baedeker

The Pond, perhaps three of them
……….one a silvery tone one verdant
and his dance a pendant to the other
fanning the grey sky greying

the bottom of Pond, on
naming on, so enameled



BULMENIA
Publisher ‏ : ‎ Buenos Aires Poetry (April 11, 2022)
Language ‏ : ‎ Spanish
Paperback ‏ : ‎ 110 pages
ISBN-10 ‏ : ‎ 987847027X
ISBN-13 ‏ : ‎ 978-9878470276

Colección ABRACADABRA Paperback

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Extraído de La Piccioletta Barca 2021 | Issue 36 | October, 2021


This novel by Jay Parini, while displaying true events that occurred fifty years ago, can work from various places. First of all, as an autobiographical document, written with a spume similar to the dramatic and amusing stories by John Fante, possible outcome of the mixture of Italian-American blood that unites them. It can also be read as the record of the training of a poet, the difference that lies between the sterile academic world and the real one, that in which the frustrated professors and true writers such as Robert Graves and George Mackay Brown inhabit.

As if the story of the young Parini in the North of Scotland was not enough, escaping from the Vietnam War and shaping his literary career with the excuse of a doctorate in literature, less believable will be the irruption of Borges (the real one, at his seventy years of age) in these pages. And we are not talking about the Borges we know from his literature, his lectures or his interviews. Never the disseminated Borges, magnified or reduced to ideological ashes. Possibly the Borges more similar to the one from Adrogué, the one who by day refuted Frank Raymond Leavis and the theories on Keats by Amy Lowell, and by night lost himself in the limited multitude of the province.

The plausibility of this encounter is Alastair Reid, at that moment translator of Borges and tutor of the young Parini, who entrusts him for a week the care and protection of the Argentine given a familiar emergency in London.

Parini had not read Borges, although the latter was already renowned and had been translated into almost every tongue. To that encounter between two strangers, a car trip to the Scottish Highlands followed (Cairngorm, Aviemore, Inverness), which the Argentine insisted on knowing. Parini’s job was not very encouraging: to describe to a blind poet the landscapes and the results, detail by detail, impression by impression: “He would pay for our expenses, but this naming aloud would be my contribution to the trip. ‘Nothing exists,’ he said, ‘until it has found its way into the language.’”.  

In Borges his systematic alterations persist: everything that exists is literature, and everything has been eternally fixed. It only remains to wait for the angels to land on certain people’s shoulders. This way, a Highland landscape is a verse by Stevenson, the Stirling Bridge is a poem by Blind Harry.

This book, crucial to some extent, reformulates the symbol and myth of Borges, who with his own words, reminds the young apprentice: “Myth is a tear in the fabric of reality, and immense energies pour through these holy fissures. Our stories, our poems, are rips in this fabric as well, however slight”.

Despite all the metaliterature that exists in relation to Borges, few texts remember this fabric of reality, its immense energy.

Two anecdotes by Parini are memorable. The first, Borges’s encounter with the North Sea, since, as a child, he already longed for its presence: “Borges stopped on the brink of a sweeping dune, listening to the water or perhaps the gods.  He lifted his arms with his cane in the air and whirled around, but when he stopped, he was facing us and the Old Course, not the sea.  In a thundering manner, he began to recite The Seafarer in its original Anglo-Saxon: Mæg ic be me sylfum / soðgied wrecan, / siþas secgan”.

But there exists another real fabric, the Loch Ness and its mythologies: Borges facing Grendel, the monster from avernus, reciting the Song of Creation, falling from a boat.

Nothing of this, as well as Parini’s story, seems to be forged in a supernatural manner: the humility is infinite.

And Borges’ path becomes clearer, day after day: “The battle between good and evil persists, and the writer’s work is constantly to reframe the argument”.


Borges and Me: An encounter by Jay Parini is published by Canongate.

This text was originally published in Spanish in Revista Ñ. It is written and translated by Ignacio Oliden

Kennings

Fiestas de águilas muriendo por sombrero
castas y sepulcros de terciopelo
las escandinavas kennings
levantando los cadáveres del alba
el sonido de la imaginación de Arnaut
compatible con la de Eliot

Y dado que ahora solo fluye
lo que asciende lejos del centro
el águila y el mástil en la proa
el mar se convierte en la tierra del cisne
donde las piedras de la cara
buscan las tormentas del suelo

El distribuidor de espadas
permanece lejos del crecimiento 
donde el cuerno de la ola
y el daño de los bosques
borra la luz de las estrellas
en el encuentro de las fuentes

Bulmenia

From Bulmenia, to be published in 2022

(translated by Ignacio Oliden)


Yo trabajo de noche, desertando al ogro insaciable
que desfigura a los jóvenes y los deja acéfalos
sin cambiar una bolsa de manzanas por mi cabeza

Trabajo como el mar, como una sombra,
donde unos gorriones saltan sobre las migas del día
y las golondrinas hacen un escándalo por un pedazo de cielo

Bebo cianuro y venenos desconocidos,
           porque esta sed no tiene lámparas
y su cáscara se multiplica como la pobreza

Trabajo como todos trabajan,
sin lograr una estrella, sin saciar una pluma
            perdiendo todos los rumbos
dando pequeñas muertes en partes desiguales sobre mi cuerpo

           Sin alcanzar tan solo uno de mis sueños
dejo embriagar a unos pocos desamparados, restos esclavizados
que han sido y que por siempre serán difamados
           secados en el aire del crimen


Bulmenia


I work at night, forsaking the insatiable ogre
that leaves the young men disfigured and acephalous,
not trading a sack of apples for my head.

I work like the sea, like a shadow,
where sparrows jump on the crumbs of the day,
and the swallows make a fuss for a bite of sky.

I drink cyanide and poisons unknown,
           for this thirst has no lamps
and its crust is multiplied like dearth.

I work as everybody works,
not achieving a star, not satiating a quill
           losing the ways
giving slight uneven deaths on my body.

           Not reaching at least one of my dreams,
I let some helpless drunks proceed, enslaved remains
that have been and forever will be defamed
          dried in the air of the crime.



A NOTE ON BULMENIA


Puis, quand j’ai ravalé mes rêves avec soin,
Je me tourne, ayant bu trente ou quarante chopes,
Et me recueille, pour lâcher l’âcre besoin

RIMBAUD: “Oraison du Soir”


Arabia is configured in this monological song through the trade that has fallen to him, the craft that leads him to a perpetual activity, as the present tense of the intransitive verb “to work” depicts. At his desk, Arabia contours his own work: this is his clay which continually spins in its wheel, and to which he adds “cyanide and poisons unknown” to maintain its plasticity. Arabia “drinks” the cyanide, and its present tense in this case, accounts for the undeath, (maybe the unwanted undeath). We find what Harold Bloom calls “the suicidal version of Whitmanianism”, present in certain poems such as “Walking Around”, by Neruda:

(…)
Yo paseo con calma, con ojos, con zapatos,
con furia, con olvido,
paso, cruzo oficinas y tiendas de ortopedia,
y patios donde hay ropas colgadas de un alambre:
calzoncillos, toallas y camisas que lloran
lentas lágrimas sucias.
[I stride along with calm, with eyes, with shoes,
with fury, with forgetfulness,
I pass, I cross offices and stores full of orthopaedic appliances,
and courtyards hung with clothes hanging from a wire:
underpants, towels and shirts which weep
slow dirty tears.] (W.S. Merwin’s translation)

Certainly, it is Neruda with whom Arabia writes. More particularly, the Neruda of “Entierro en el Este”:

Yo trabajo de noche, rodeado de ciudad,
de pescadores, de alfareros, de difuntos quemados
con azafrán y frutas, envueltos en muselina escarlata (…)
[I work at night, surrounded by city
of fishermen, of potters, of the burned dead
with saffron and fruit, wrapped in scarlet muslin]

But neither Neruda nor Arabia work in the real night, nor the dead are the real dead (in “Entierro en el este” a burial is described), but both inhabit the other night, the night of the conscience of the crowds, the one which is image of death. Arabia hands in his poetry, hands in his tears and his razzle, dirty with cyanide and ink and the corruptive germ of the city of man, and lets them be drank by someone else, a fellow poet perhaps, but indeed a fellow sleepless “drunk”, alienated, freed from the daily order. It is a sacrifice through which, first Arabia, and then his fellow drunks, consume the “poisons unknown”, and experience and cope with language.

It is to work under the light of a lamp, in a room that is an old yellow stamp as seen from a street in Buenos Aires, but that hardly contradicts the darkness of the alley; to obey the basic daily chore to justify one’s existence. Arabia must drink cyanide in order to produce, and must produce poetry in order to exist. I think now of Rimbaud, who works at night too, like Neruda and Arabia; Rimbaud, who begins his “Oraison du Soir” by saying: Je vis assis [I live sitting down], and who, like Arabia, drinks his “fuel” in order to work, and works “holding his chop filled with strong flutes”.

And what about the poet’s clay? What about Arabia’s work which has been nourishing and will continue being continually unsatisfied? The quill is not satiated, the “thirst has no lamps”, just like Rimbaud’s. The poet continues to model it in its perpetual spinning, and with it, he shapes himself. Here, Arabia and Rimbaud remind me of Stephen Crane’s creature in the desert:

(…)
Who, squatting upon the ground,
He held his heart in his hands,
And ate of it.
I said, “Is it good, friend?”
“It is bitter–bitter,” he answered;
“But I like it
Because it’s bitter
And because it is my heart.

Juan Arabia & Abhay K. | Buenos Aires, 2019

LA NACIÓN | Daniel Gigena

Poeta, traductor y editor, Juan Arabia (Buenos Aires, 1983) publicó su nuevo libro en el prestigioso sello español Pre-Textos, que dirige Manuel Borrás, y ahora comparte catálogo con el mexicano Alberto Blanco, el cubano Cintio Vitier, la peruana Blanca Varela, Hugo Mujica y María Negroni, por nombrar autores en lengua española. Hacia Carcassonne es a la vez un tributo a la poesía provenzal y un libro de viaje (en verso) por el sur de Francia, donde resuenan ecos de juglares y trovadores. Autor de libros como El enemigo de los Thirties (de 2015, y premiado en Italia y Macedonia), Desalojo de la naturaleza (2018) y L’Océan Avare (2018), Arabia es además egresado de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires y colabora en medios gráficos con reseñas y traducciones. Participó en varios festivales de poesía en América Latina, Europa e incluso la remota Asia: en 2019, fue el segundo poeta latinoamericano invitado al encuentro Poetry Comes to Museum auspiciado por el Museo de Arte de Shanghái.

Portada de "Hacia Carcassonne", publicado por Pre-Textos
Portada de “Hacia Carcassonne”, publicado por Pre-TextosGentileza Juan Arabia

En el sello que dirige -Buenos Aires Poetry- dio a conocer traducciones de libros poco conocidos de Ezra Pound, Charles Bukowski, Mina Loy y Dan Fante, así como también antologías de poetas de la Generación Beat y de los años 1930 en Inglaterra, como W. H. Auden y Cecil Day-Lewis (el padre del actor Daniel Day-Lewis). En la revista homónima se publican poemas, entrevistas, reseñas y ensayos.

“Comencé a escribir Hacia Carcassonne en el sur de Francia: Carcassonne, Provenza, Montpellier -cuenta Arabia a LA NACION-. En ese lugar los trovadores occitanos gestaron gran parte de la poesía moderna. Había dos tradiciones claras: el trobar leu (poesía fácil, ligera, llana) y el trobar clus (poesía hermética). Esas dos tendencias dividían un poco las aguas, y esto sigue pasando. Lo interesante es que toda esa literatura recuperada era en principio oral, y quienes se atrevían a versificar de modo ‘oscuro y cerrado’ tenían menos probabilidades de perdurar en la memoria del pueblo”. De los trovadores “herméticos”, el más reconocido es Arnaut Daniel, al que Dante en La Divina Comedia definió como “el maestro artesano” (y al que deja en el Purgatorio, a diferencia de los que pasa con el infortunado Bertran De Born). El nuevo libro de Arabia recorre la obra de esos poetas en clave contemporánea.

-¿Cómo se combinan en el libro formas tradicionales y modernas de la poesía?

Hacia Carcassonne puede leerse como un libro de poesía experiencial, que surge a partir del diálogo entre lecturas de formación y un viaje por el sur de Francia, así como una galería o estudio de la poesía provenzal. El inicio de la poesía moderna en lengua vulgar comienza con los trovadores medievales, época en donde la música y la lírica resultaban inseparables. Este libro trabaja con extremos de una vanguardia ya convertida en tradición (verso libre, pausa versal, economía visual) y una tradición que ha dejado de serlo.

-¿Qué representa la publicación en un sello como Pre-Textos?

-Es una forma de reactivar la formación: es una editorial que lleva cuarenta años publicando material, y yo tengo 38. Me formé leyendo muchos de sus libros, como Memoria de los poetas de los lagos, de Thomas de Quincey, o la poesía de Dante Gabriel Rossetti.

-¿En qué tradición se inscribe tu obra poética, en la que abundan referencias a poetas extranjeros?

-Podría decirse que me interesa más la poesía hermética, capaz de generar un lector activo, productor de múltiples sentidos. Esto ya funcionaba como una distinción para los mismos trovadores: el trobar clus y el trobar leu. Aunque esta disputa no debe leerse en términos de “facilidad” o “complejidad” de lectura, sino en términos de instrumentalización y unidimensalización del lenguaje.

-¿Cómo ves el panorama de la poesía en el país y en lengua española?

-Creo que las mayores diferencias se están dando a nivel estructural. En los últimos años, y por el surgimiento de muchos proyectos emergentes, se está comenzando a leer poesía sin tener que pasar por España. Antes esto no funcionaba de esta forma: ahora se están abriendo intercambios directos entre países latinoamericanos.

-¿Es sencillo combinar las tarea de editor, escritor y traductor?

-No hay muchas distinciones, porque básicamente me dedico a la poesía todo el día: cuando no estoy leyendo, hago traducciones o escribo crítica de poesía. Aunque el momento donde todo parece converger como un flujo sedimentado, como un proceso de síntesis, donde todo confluye, incluida mi propia vida y experiencia, es en mi propia obra poética.

-¿Cuál es el sello distintivo de Buenos Aires Poetry?

-Por un lado se les está dando mucho lugar y voz a nuevos autores de todo nuestro continente, especialmente de México y Chile; y por otro lado, se están publicando libros o autores que no estaban en circulación. Por ejemplo, los primeros libros de Pound (LustraExultations) o la poesía de Mina Loy, que ahora se reedita de forma ampliada, en traducción de Camila Evia, o la de Dan Fante. Lo mismo podría decir del reciente libro que editamos con Rodrigo Arriagada Zubieta: Thirties Poets. Solo se conseguían algunas cosas de W. H. Auden en nuestro idioma, pero absolutamente nada de Cecil Day-Lewis, Louis MacNeice o Stephen Spender.

TÉLAM | 18-09-2021

En su libro de poesía “Hacia Carcassonne” Juan Arabia se remonta a la tradición de los trovadores en un viaje territorial y lírico para indagar sobre las lenguas y temáticas que lo llevan a echar mano no solo del español, sino del italiano y el francés, abriendo las posibilidades de lecturas, tradiciones y sentidos.

La obra propone un viaje por los caminos de Provenza y sus alrededores, y evoca la trayectoria de legendarios trovadores como Bertran De Born, Marcabrú, Raimbaut D’Aurenga, Montcorbier (alias Villon), Arnaut Daniel, Peire d’Alvernha y Giraut, para dar cuenta de la luz y oscuridad que derrama la poesía donde el exilio o la política también están presentes.

Fundador de la revista y sello editorial Buenos Aires Poetry, y autor de “Desalojo de la naturaleza” y “The bund”, Arabia dialogó con Télam sobre esta obra, editada por Pre-Textos, atravesada también por lo experimental y donde un poema en italiano habla de la relación del poeta estadounidense Ezra Pound con Mussolini.

– Télam: En el libro hay una evocación de juglares de la historia y de las formas poéticas arcaicas. ¿Por qué te interesó trabajar con esta temática?

– Juan Arabia: 
Básicamente porque el inicio de la poesía moderna en lengua vulgar comienza con los trovadores, época en donde la música y la lírica resultaban inseparables. Se volvió a cantar y se cambiaron los temas de la poesía, así como sus formas. Con los trovadores se prueba algo muy importante: que las tabernas son lugares capaces de producir poesía, así como lo fueron para el género la filosofía, la religión o el carácter noble. El trovador, como escribo en unos de los primeros del libro, “mojaba su pan en todas las fuentes”.

– T:¿A qué se debe el espacio o territorio al que hace referencia el libro?

– J.A: 
El occitano es una lengua romance y la mayoría de los poemas que se conservan fueron escritos en ese idioma y recitados en el sur de Francia (regiones como Provenza y otras emblemáticas ciudades). Si bien mi interés en el tema comenzó con la lectura de autores como Ezra Pound o Martín de Riquer, en 2018 fui invitado a un festival de poesía en la ciudad de Sète (muy cerca de Montpellier), y conocí además lugares como La Camargue, Aigues-Mortes y, por supuesto, Carcassonne. La idea fue recorrer esos caminos vivos, pensarlos vivos. Inmediatamente después de bajar de la Cité fortificada de Carcassonne escribí los dos primeros poemas del libro.

– T: En el poema “Juglar Leu” hay unos versos que dicen “el trovar no era solo cosa de afinar oídos, sino de dar de probar al gentío el gusto y betún de las suelas”. De esta forma, el arte de los trovadores se impone como crítico y de denuncia. En ese sentido, ¿desde tu lugar de poeta cómo concebís la poesía?

– J.A: 
Una de las características de los trovadores, además de escribir sus canciones en lengua vernácula, era que provenían de diferentes clases y jerarquías sociales. Disputaban de distintas formas (generando nuevos géneros, como enfrentamientos, lamentos y galerías), así como en diversos estilos o ideologías. Es muy conocida la disputa entre aquellos que cantaban claro (leu) como aquellos que lo hacían de una forma más hermética y oscura (clus).

En ese sentido me siento muy identificado con los trovadores, cuando arriesgaban nuevas ideas y formas, y porque sentían a la poesía como música.

– T: En cuanto al sentido de los poemas hay una búsqueda de sentido que va de la luz a la oscuridad.

– J.A: 
La simbolización nunca termina. Esto es algo de lo que W. B. Yeats habló mucho, en relación con los símbolos: entrar en contacto con el símbolo de la luna, por ejemplo, era otra forma de comunicarse con significados antiguos. Para Yeats, la luna nombró al mismo tiempo la torre de ébano, el ciervo en el bosque, la liebre blanca en la colina, etc. Esto es algo muy explotado en la antigua tradición china. El viento del este significaba algo benigno, amable, favorable; mientras que el viento del oeste o del norte implica crueldad, frialdad.

"Creo que todos formamos parte de un arte que siempre estuvo ligado tanto a la palabra como a la música, desde la antigua China o los trovadores", sostiene Arabia. “Creo que todos formamos parte de un arte que siempre estuvo ligado tanto a la palabra como a la música, desde la antigua China o los trovadores”, sostiene Arabia.


– T: En muchos de los poemas hay un clima de derrota, ¿se habla del exilio con lo cual el trasfondo político está también presente, como en la evocación a Dante?

– J.A
: Una de las lecturas que ofrece el libro es, precisamente, la visión que obtenemos de Dante de los trovadores. Por eso incorporé un gráfico dentro de un poema (Purgatorio Crane) donde encontramos a Bertran de Born en el infierno, Arnaut Daniel o Giraut de Bornhel en el Purgatorio, así como a Raimbaut d’Aurenga en el paraíso. El arte de la poesía provenzal abrió el camino para el arte poético de Toscana, algo que Dante presenta de manera muy convincente.

El tema del exilio era algo muy común para los trovadores, porque en general vivían condicionados por la aprobación de las cortes reales o señoriales. Esta es otra de las lecturas que ofrece el libro: los condicionamientos políticos, que se repite en los trovadores, en Pound (por traición a su patria) o en Dante (por corrupción).

– T: Hay un poema en italiano en que te dirigís a Erza Pound. ¿Qué te inspiró de su obra y cómo lo evaluás en su postura política de apoyo a Mussolini?

– J.A: 
Yo creo que a las posturas políticas de Pound hay que leerlas desde su momento de emisión. Además, ceñirlas específicamente a lo económico.

Por último, nunca se nombran los grupos neofacistas y traficantes neoreaccionarios de la CIA que trabajaron a largo y mediano plazo en descrédito de la imagen moral del poeta.

Pound además fue muy consciente de sus equivocaciones, y en los últimos Cantos escribió cosas muy hermosas: “Perdí mi centro / luchando contra el mundo. / Los sueños chocan / y se hacen añicos”; “Que los Dioses perdonen lo que hice / Que los que amo procuren perdonar lo que hice”.

– T:¿A qué responde la decisión de escribir poemas en italiano, o usar palabras en otros idiomas, más allá de tu oficio de traductor?

– J.A:
 El español no deja de ser una lengua vernácula, expandida en países colonizados. Y creo que jugué mucho con eso en “Hacia Carcassonne”, y por eso me alegra que se publique en España.

Yo no tengo preferencia por ningún idioma, simplemente nací en Buenos Aires. Todas las lenguas vernáculas emularon, en principio, la poesía occitana. Y el gran Siglo de Oro en España se dio, precisamente, luego de la adaptación del endecasílabo italiano. El español es uno de los tantos vehículos posibles. La poesía está por encima de cualquier idioma o lenguaje.

Por otro lado, una de las cosas más importantes que uno aprende en la traducción de poesía es precisamente sentir la música, tratar de emular esa música, su ritmo intrínseco.

– T: Esa cualidad de la musicalidad está muy presente en este poemario, ¿Es una conexión directa con la poesía vernácula de los trovadores?

– J.A: 
Creo que todos formamos parte de un arte que siempre estuvo ligado tanto a la palabra como a la música, desde la antigua China o los trovadores. Muchas veces los diálogos se dan de forma explícita, pero muchas veces la tradición actúa por detrás nuestro. Por ejemplo, el verso por excelencia en español ha sido el endecasílabo. Pero el endecasílabo español, como lo concebimos ahora (después del “Siglo de Oro” en España), es una adaptación del endecasílabo italiano (cuya acentuación está principalmente en la sexta sílaba y no en la séptima, como la antigua “Gaita Gallega” ). Esa afinación y ese sonido pertenecen a otros mundos y se dan en su propio ritmo. Por eso podemos leer poemas en occitano: más que significado, producen música, aunque no los entendamos del todo. Los idiomas son excusas para una sola canción.

Aunque creo en la individualidad del poema, creo que cada poema busca su propia naturaleza. Incluso cuando están sujetos a reglas, golpean la jaula con más fuerza: buscando aire, luz. El verso libre, por otro lado, crece en tierras más salvajes.

Juan Arabia (Buenos Aires, 1983) es poeta, traductor y crítico literario. Autor de numerosos libros de poesía, traducción y ensayos, entre sus títulos más recientes se encuentran: Il Nemico dei Thirties (Samuele Editore, Collana Scilla, 2017), Desalojo de la naturaleza (Buenos Aires Poetry, 2018), L´Océan Avare (Al Manar, Voix Vives de Méditerranée en Méditerranée, 2018) y Hacia Carcassonne (Pre-Textos, 2020). Egresado de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires, ejerce la crítica literaria además en el Suplemento de Cultura del Diario Perfil y en Revista Ñ de Diario Clarín, entre otros.

Luego de la publicación de El Enemigo de los Thirties (2015), premiado en FranciaItalia y Macedonia, Juan Arabia participó en varios festivales de poesía en Latinoamérica, Europa y China.

En el 2018 fue invitado al festival de poesía en Francia (Sète) Voix Vives en representación de Argentina, así como en 2019 participó del encuentro Poetry Comes to Museum LXI auspiciado por el Shanghai Minsheng Art Museum, siendo el segundo poeta latinoamericano en ser invitado.

Después de la Graduación

Diez años pasaron desde la graduación
y recién ahora estás protegiendo un proyecto privado
que camina junto al paso de tus ramas.
El piloto negro, piensas en Prufrock,
llevas el cabello más corto contra la aversión

y son otros los jóvenes ahora,
aunque solo serán ciudadanos, no más que eso,
mientras tus montañas se preparan
para ciudades y paseos lacustres.
Llegaste muy lejos, aunque solo sonríes por dentro.

Los faros de tus palabras encontraron las orillas blancas.
Pero no escucharás, como el cisne.
Una canción de tus labios levanta su vuelo.
Aquellos nunca sentirán una dicha tan beneficiosa
como la de este pueblo ajeno aferrado a sus dioses.