TENDER BUTTONS PRESS

Presents

JUAN ARABIA & PATRICIO FERRARI

A

BILINGUAL POETRY READING

AT TORN PAGE – NEW YORK CITY


Juan Arabia (Buenos Aires, 1983) is a poet, translator, and literary critic. In addition to publishing five books of poetry, he has written extensively on John Fante and the Beat GenerationHe has translated Arthur RimbaudEzra Pound, and a book-length anthology of the Beat poets. His books of poetry have been published throughout Latin America, Europe, and ChinaEl Enemigo de los Thirties (2015), L´Océan Avare (2018), Desalojo de la naturaleza (2018), and Hacia Carcassonne (2020), among others. He is a graduate from the Faculty of Social Sciences at the University of Buenos Aires, and the founder and director of Buenos Aires Poetry

Patricio Ferrari is a polyglot poet, editor and literary translator. His work has appeared in The New Yorker (forthcoming), The Paris Review, The Southwest Review, Buenos Aires Poetry, Perfil, and other publications. His recent editions and translations include The Galloping Hour: French Poems by Alejandra Pizarnik (co-translated with Forrest Gander; New Directions, 2018) and The Complete Works of Alberto Caeiro by Fernando Pessoa (co-edited with Jerónimo Pizarro and co-translated with Margaret Jull-Costa; New Directions, 2020). He is currently completing “Elsehere,” a multilingual trilogy, alongside full-length translations from Portuguese (Álvaro de Campos, António Osório) and English (Frank Stanford and Martin Corless-Smith). Ferrari resides in New York City and teaches at Rutgers University.


SATURDAY, FEBRUARY 19, 2022

7:00 PM

TORN PAGE

435 West 22nd Street, New York, NY 10011

Masks required

Suggested donation: $15

Books will be available for sale

A portion of the book sales will go towards Tender Buttons Press, founded by Lee Ann Brown and Buenos Aires Poetry, founded by Juan Arabia for upcoming publishing projects.

For more information about this event, contact Lee Ann Brown at polylabrown@gmail.com or Patricio Ferrari at ferraripatricio@gmail.com

Extraído de revista Yugen, número 6, Nueva York, 1960. Traducción de Juan Arabia para Buenos Aires Poetry, 2018.

Rimbaud

Arthur!
On t’ appela pas Jean!
Nacido en 1854 maldiciendo en Charleville
preparando así el camino para
el abominable impulso asesino
de las Ardenas—
¡No es extraño que tu padre se haya ido!
Entonces ingresaste a la escuela a los 8
—¡Pequeño competente Latinista!
En Octubre de 1869
Está escribiendo poesía
en Francés Griego—
Toma un tren y escapa

a París sin boleto,
el milagroso Guardafrenos Mexicano
lo arroja fuera del rápido
tren, al Cielo, que
ya no viaja porque
el Cielo está en todas partes—
Sin embargo las viejas maricas
intervienen—
Rimbaud desconcierta a Rimbaud
entrena en la verde Guardia
Nacional, marchando orgulloso
en el polvo con sus héroes—
esperando mantenerse a salvo,
soñando con la última Chica.
—Las ciudades son bombardeadas cuando
él mira & mira & mastica
sus labios degenerados & mira
con ojos grises a
Francia Amurallada—

André Gill fue precursor
de André Gide—
Largos paseos leyendo poemas
en el Genet Haystacks—
El Voyant ha nacido,
el vidente trastornado hace su
primer Manifesto,
da colores a las vocales
& a las consonantes preocupante cuidado,
cae bajo la influencia
de viejas Hadas Francesas
que lo acusan de estreñimiento
de cerebro & diarrea
de la boca—
Verlaine lo convoca a París
con menos aplomo del que él
tuvo para desterrar chicas a
Absinia—

“¡Merde!” grita Rimbaud
en los salones de Verlaine—
Chismes en París—la mujer de Verlaine
está celosa de un chico
sin cinturón en los pantalones
—El amor envía dinero desde Bruselas
—La madre de Rimbaud odia
la oportunidad de Madame
Verlaine—Degenerado Arthur

se sospecha que es un poeta
ahora—
Gritando en el granero
Rimbaud escribe Una Temporada en el Infierno,
su madre tiembla—
Verlaine envía dinero y balas
a Rimbaud—
Rimbaud va a la policía
& prueba su inocencia
como la pálida inocenca
de su deidad femenina Jesús
—¡Pobre Verlaine! 2 años
en la cárcel, aunque pudo haber
tenido un cuchillo en el corazón

¡Iluminaciones! ¡Stuttgart!
¡Estudio de Idiomas!
A pie Rimbaud camina
& atravesando los Alpes
pasa por Italia, en busca
de tréboles, conejos,
Reinos de Genios & delante
de su nada excepto la vieja
muerte del sol de Canaletto
en viejos edificios venecianos
—Rimbaud estudia idiomas
—escucha hablar de Allegheny,
de Brooklyn, de las últimas
Plagas Americanas—
Su hermana ángel muere—
¡Viena! ¡Él mira pasteles
& pierros viejos! ¡Eso espero!
Este gato loco se une
al ejército holandés
& navega a Java
al mando de la flota
a medianoche
en la proa, solo,
nadie escucha sus órdenes
pero todos los peces brillan
en el mar—Agosto no es
época para quedarse en Java—
Dirigiéndose a Egipto, de nuevo está
demorado en Italia así que
vuelve a casa al mullido sillón
pero inmediatamente se marcha
de nuevo, a Chipre, para
dirigir una banda de trabajadores
mineros,—¿a quién se
parece ahora, este Tardío
Rimbaud?—Polvo de roca
& negras espaldas & toses
secas, el sueño se eleva
en la mente del Francés
Africano—Los inválidos
de los trópicos siempre
son amados—El Mar Rojo
en Junio, la costa cruje
en Arabia—Havar,
Havar, el mágico puesto
comercial—Aden, Aden,
al Sur de los Beduinos—
Ogaden, Ogaden,
nunca conocido—(Mientras tanto
Verlaine se sienta en París
sobre coñacs preguntándose
cómo se vería Arthur
ahora, y cuán sombrías estarían
sus cejas puesto que creyeron
en la belleza de la ceja anterior)—
¿A quién le importa? ¿Qué clase
de franceses son estos?
¡Rimbaud, golpéame en la
cabeza con esa roca!

Rimbaud el Serio compone
elegantes & eruditos artículos
para las Sociedades Geográficas
Nacionales, & tras las guerras
envía a la chica harari
(¡Ja, ja!) de regreso
a Abisinia, & ella
era joven, tenía ojos
negros, gruesos labios, cabello
enrulado, y pechos como
moreno pulido con
pezones de cobre &
brazaletes & unía
sus manos detrás
de la espalda & tenía
hombros amplios como
los de Arthur & orejas pequeñas
— Una chica de cierta
casta, en Bronzeville—

Rimbaud también conoció
a polinesias de caderas estrechas
con largo cabello lacio
& pequeñas tetas & grandes pies—

Finalmente empieza
a comerciar armas ilegales
en Tajura
conduciendo caravanas, loco,
con un cinturón de oro
en su cintura—
¡Engañado por el Rey Menelek!
¡El Sha de Shoa!
¡Los ruidos de esos nombres
en aquella ruidosa mente
francesa!

El Cairo en el verano,
viento de amargo limón
& besos en el polvoriento parque
donde las chicas se sientan plegadas
al crepúsculo pensando
en nada—

¡Havar! ¡Havar!
En camilla a Zeyla
es llevado lamentando
su cumpleaños—el barco
regresa al castillo de caliza
de Marsella más triste que
el tiempo, que el sueño,
más triste que el agua
—Carcinoma, Rimbaud
comido por la enfermedad
de la sobrevida —Cortan
su hermosa pierna—
muere en los brazos
de Santa Isabelle
su hermana
& antes de subir al Cielo
envía sus francos a Djami,
Djami el niño havari
su criado personal
8 años en el Infierno
africano del francés
& y todo eso se suma
a nada, como

Dostoievsky, Beethoven
o Da Vinci—

Entonces, poetas, descansen un rato
y cállense:
nunca nada salió de la
de nada.

Rimbaud

Arthur!
On t’ appela pas Jean!
Born in 1854 cursing in Charle-
ville thus paving the way for
the abominable murderousnesses
of Ardennes—
No wonder your father left!
So you entered school at 8
—Proficient little Latinist you!
In October of 1869
Rimbaud is writing poetry
in Greek French—
Takes a runaway train

to Paris without a ticket,
the miraculous Mexican Brakeman
throws him off the fast
train, to Heaven, which
he no longer travels because
Heaven is everywhere —
Nevertheless the old fags
intervene—
Rimbaud nonplussed Rimbaud
trains in the green National
Guard, proud marching
in the dust with his heroes—
hoping to be buggered,
dreaming of the ultimate Girl.
—Cities are bombarded as
he stares & stares & chews
his degenerate lip & stares
with gray eyes at
Walled France—

Andre Gill was forerunner
to Andre Gide—
Long walks reading poems
in the Genet Haystacks—
The Voyant is born,
the deranged seer makes his
first Manifesto,
gives vowels colors
& consonants carking care,
comes under the influence
of old French Fairies
who accuse him of constipation
of the brain & diarrhea
of the mouth—
Verlaine summons him to Paris
with less aplomb than he
did banish girls to
Abyssinia—

“Merde!” screams Rimbaud
at Verlaine salons—
Gossip in Paris—Verlaine Wife
is jealous of a boy
with no seats to his trousers
—Love sends money from Brussels
—Mother Rimbaud hates
the importunity of Madame
Verlaine—Degenerate Arthur

is suspected of being a poet
by now—
Screaming in the barn
Rimbaud writes Season in Hell,
his mother trembles—
Verlaine sends money & bullets
into Rimbaud—
Rimbaud goes to the police
& presents his innocence
like the pale innocence
of his divine feminine Jesus
—Poor Verlaine, 2 years
in the can, but could have
got a knife in the heart

—Illuminations! Stuttgart!
Study of Languages!
On foot Rimbaud walks
& looks thru the Alpine
passes into Italy, looking
for clover bells, rabbits,
Genie Kingdoms & ahead
of his nothing but the old
Canaletto death of sun
on old Venetian buildings
—Rimbaud studies language
—hears of the Alleghanies,
of Brooklyn, of last
American Plages—
His angel sister dies—
Vienne! He looks at pastries
& pets old dogs! I hope!
This mad cat joins
the Dutch Army
& sails for Java
commanding the fleet
at midnight
on the bow, alone,
no one hears his Command
but every fishy shining
in the sea—August is no
time to stay in Java—
Aiming at Egypt, he’s again
hungup in Italy so he goes
back home to deep armchair
but immediately he goes
again, to Cyprus, to
run a gang of quarry
workers,—what did he
look like now, this Later
Rimbaud?—Rock dust
& black backs & hacks
of coughers, the dream rises
in the Frenchman’s Africa
mind,—Invalids from
the tropics are always
loved—The Red Sea
in June, the coast clanks
in Arabia—Havar,
Havar, the magic trading
post—Aden, Aden,
South of Bedouin—
Ogaden, Ogaden, never
known—(Meanwhile
Verlaine sits in Paris
over cognacs wondering
what Arthur looks like
now, & how bleak their
eyebrows because they believed
in earlier eyebrow beauty)—
Who cares? What kinda
Frenchmen are these?
Rimbaud, hit me over the
head with that rock!

Serious Rimbaud composes
elegant & learned articles
for National Geographic
Societies, & after wars
commands Harari Girl
(Ha Ha!) back
to Abyssinia, & she
was young, had black
eyes, thick lips, hair
curled, & breasts like
polished brown with
copper teats & ringlets
on her arms & joined
her hands upon her
central loin & had
shoulders as broad as
Arthur’s & little ears
—A girl of some
caste, in Bronzeville—

Rimbaud also knew
thinbonehipped Polynesians
with long tumbling hair
& tiny tits & big feet—

Finally he starts
trading illegal guns
in Tajoura
riding in caravans, mad,
with a belt of gold
around his waist—
Screwed by King Menelek!
The Shah of Shoa!
The noises of these names
in that noisy French
mind!

Cairo for the summer,
bitter lemon wind
& kisses in the dusty park
where girls sit folded
at dusk thinking
nothing—

Havar! Havar!
By litter to Zeyla
he’s carried moaning
his birthday—the boat
returns to chalk castle
Marseilles sadder than
time, than dream,
sadder than water
—Carcinoma, Rimbaud
is eaten by the disease
of overlife—They cut
off his beautiful leg—
He dies in the arms
of Ste Isabelle
his sister
& before rising to Heaven
sends his francs
to Djami, Djami
the Havari boy
his body servant
8 years in the African
Frenchman’s Hell,
& it all adds up
to nothing, like

Dostoevsky, Beethoven
or Da Vinci—

So, poets, rest awhile
& shut up:
Nothing ever came
of nothing.

Extraído de revista Yugen, número 6, Nueva York, 1960. Traducción de Juan Arabia para Buenos Aires Poetry, 2018.

T. S. ELIOT, POEMS WRITTEN IN EARLY YOUTH, FARRAR STRAUSS AND GIROUX, NEW YORK, 1967. Valerie Eliot, All rights reserved.
T. S. ELIOT, POEMAS ESCRITOS EN LA PRIMERA JUVENTUD. TRADUCCIÓN Y NOTAS DE JUAN ARABIA, COLECCIÓN ABRACADABRA, BUENOS AIRES POETRY, BUENOS AIRES, 2021.

En la graduación, 1905

I

Parados sobre la orilla de todo lo que conocemos
nos demoramos un momento en la duda,
luego, con una canción en nuestros labios, zarpamos
hacia el otro lado de la barra del puerto—no existe mapa que indique,
no existe luz para prevenir las rocas que se encuentran debajo,
pero sigamos adelante con valentía.

II

Como colonos que se embarcan en la playa
para buscar fortuna en alguna costa extranjera
bien saben que pierden lo que el tiempo no restaurará,
y cuando se van, entienden rápidamente
que aunque vuelvan a ver a su patria
ya no serán ciudadanos otra vez.

III

Avanzamos; como nubes con alas de relámpago que vuelan
después de una tempestad de verano, cuando algunos se apresuran
hacia el Norte, Sur y Este sobre el desperdicio del agua,
algunos hasta los límites occidentales del cielo
que el sol tiñe con muchos tintes espléndidos,
hasta que su defunción ya no pueda rastrearse.

IV

Aunque el camino sea tortuoso y lento,
aunque esté erizado de mil miedos,
para los ojos esperanzados de la juventud, todavía parece
un camino por el que crecen la rosa y el espino.
Esperamos que sea posible; ¡ojalá lo supiéramos!
¿Podríamos mirar hacia los años futuros?

V

Grandes deberes llaman—el siglo veinte,
el siglo más grandiosamente dotado,
convocatorias—quién sabe qué tiempo puede deparar,
o qué gran hazaña pueden ver los años lejanos,
qué conquista sobre el dolor y la miseria,
¡qué héroes más grandes que los de antaño!

VI

Pero si este siglo ha de ser más grande
que los anteriores, deben sus hijos forjarlo,
y nosotros somos sus hijos, debemos avanzar
con corazones ansiosos para ayudar a moldear bien su destino,
y ver que obtenga tan orgullosa propiedad,
y la conceda en los siglos futuros

VII

Un legado de beneficios—que en los años
venideros nos encontremos con aquellos que intentan
trabajar por el bien hasta su muerte,
y no pidamos otra recompensa que saber
que han ayudado a la causa de la victoria,
que con su ayuda se iza la bandera en lo alto.

VIII

En algún momento lejano, cuando estemos
viejos y canosos, sea cual sea nuestra suerte,
desearemos volver a ver el lugar
que, sea lo que sea que hayamos hecho,
sea cual fuere la tierra a la que hayamos ido,
a lo largo de los años nunca ha sido olvidado.

IX

Porque en los santuarios del alma
te subirán incienso de humo de altar
de fanes inmaculados de lúcida pureza,
¡oh escuela nuestra! Los años que transcurren
entre sí, a medida que avanzamos hacia la meta,
no tendrán poder para apagar la memoria.

X

Volveremos; y será para encontrar una escuela
diferente a la que conocemos ahora;
así será, pero sólo en apariencia.
Lo que la ha hecho grande, no dejado atrás,
la misma escuela en el futuro encontraremos
y de la que ahora partimos como alumnos.

XI

Avanzamos; como rostros revoloteando en un sueño;
fuera de tu cuidado y tutela pasamos
al mundo desconocido—clase tras clase,
Oh reina de las escuelas—un destello momentáneo,
una burbuja en la superficie de la corriente,
una gota de rocío sobre la hierba de la mañana;

XII

No mueres por cada año que transcurre,
tu honor y fama no harán más que aumentar
por siempre, y que palabras más fuertes
proclamen tu gloria para que todos la oigan;
que sean tuyos los hijos más dignos, lejanos y cercanos,
¡para difundir tu nombre sobre tierras y mares distantes!

XIII

Como has sido para tus hijos que se marchan,
no seas menos para los que siguen;
una guía para prevenirlos, un amigo para bendecir
antes que dejen tu cuidado en manos de tierras desconocidas;
y sea tu lema, orgulloso y sereno,
aun a medida de que pasen los años, la palabra “¡Progreso!”

XIV

Así que hemos terminado; no podemos demorarnos más;
éste es el final de cada historia: “Adiós”,
una palabra que resuena como una campana fúnebre
y que siempre somos reacios a pronunciar.
Pero es un llamado que no podemos desobedecer,
Exeunt omnes, con un último “adiós”.

At Graduation 1905

I

Standing upon the shore of all we know
We linger for a moment doubtfully,
Then with a song upon our lips, sail we
Across the harbor bar—no chart to show,
No light to warn of rocks which lie below,
But let us yet put forth courageously.

II

As colonists embarking from the strand
To seek their fortunes on some foreign shore
Well know they lose what time shall not restore,
And when they leave they fully understand
That though again they see their fatherland
They there shall be as citizens no more.

III

We go; as lightning-winged clouds that fly
After a summer tempest, when some haste
North, South, and Eastward o’er the water’s waste,
Some to the western limits of the sky
Which the sun stains with a many splendid dye,
Until their passing may no more be traced.

IV

Although the path be tortuous and slow,
Although it bristle with a thousand fears,
To hopeful eye of youth it still appears
A lane by which the rose and hawthorn grow.
We hope it may be; would that we might know!
Would we might look into future years.

V

Great duties call—the twentieth century
More grandly dowered that those which came before,
Summons—who knows what time may hold in store,
Or what great deed the distant years may see,
What conquest over pain and misery,
What heroes greater than were e’er of yore!

VI

But if this century is to be more great
Than those before, her sons must make her so,
And we are her sons, we must go
With eager hearts to help mold well her fate,
And see that she shall gain such proud estate
And shall on future centuries bestow

VII

A legacy of benefits—may we
In future years be found with those who try
To labor for the good until they die,
And ask no other guerdon than to know
That they have helpt the cause to victory,
That with their aid the flag is raised on high.

VIII

Sometime in distant years when we are grown
Gray-haired and old, whatever be our lot,
We shall desire to see again the spot
Which, whatsoever we have been or done
Or to what distant lands we may have gone,
Through all the years will ne’er have been forgot.

IX

For in the sanctuaries of the soul
Incense of altar-smoke shall rise to thee
From spotless fanes of lucid purity,
O school of ours! The passing years that roll
Between, as we press to the goal,
Shall not have power to quench the memory.

X

We shall return; and it will be to find
A different school from that which now we know;
But only in appearence ’twill be so.
That which has made it great, not left behind,
The same school in the future shall we find
As this from which as pupils now we go.

XI

We go; like flitting faces in a dream;
Out of thy care and tutelage we pass
Into the unknown world—class after class,
O queen of schools—a momentary gleam,
A bubble on the surface of the stream,
A drop of dew upon the morning grass;

XII

Thou dost not die—for eacho succeeding year
Thy honor and thy fame shall but increase
Forever, and may stronger words than these
Proclaim thy glory so that all may hear;
May worthier sons be thine, from far and near
To spread thy name o’er distant lands and seas!

XIII

As thou to thy departing sons hast been
To those that follow may’st thou be no less;
A guide to warn them, and a friend to bless
Before they leave thy care for lands unseen;
And let thy motto be, proud and serene,
Still as the years pass by, the word “Progress!”

XIV

So we are done; we may no more delay;
This is the end of every tale: “Farewell,”
A word that echoes like a funeral bell
And one that we are ever loth to say.
But ’tis a call we cannot disobey,
Exeunt omnes, with a las “farewell.”

T. S. ELIOT, POEMS WRITTEN IN EARLY YOUTH, FARRAR STRAUSS AND GIROUX, NEW YORK, 1967. Valerie Eliot, All rights reserved.
T. S. ELIOT, POEMAS ESCRITOS EN LA PRIMERA JUVENTUD. TRADUCCIÓN Y NOTAS DE JUAN ARABIA, COLECCIÓN ABRACADABRA, BUENOS AIRES POETRY, BUENOS AIRES, 2021.

Texto publicado en Smith Academy Record, Vl. 8. No. 2, febrero de 1905. Firmado: “T. E.”. “A Fable for Feasters”, fue escrito como un ejercicio escolar. Se trata de la primera publicación de T. S. Eliot en forma impresa.

The doors, though barred and bolted most securely,
Gave way—my statement nobody can doubt,
Who knows the well known fact, as you do surely—
That ghosts are fellows whom you can’t keep out

Una fábula para banquetes

En Inglaterra, mucho antes que la realeza mormona,
el rey Enrique VIII descubrió que los monjes eran charlatanes,
y tomó las tierras y el dinero de los pobres,
e hizo que se derrumben sus abadías a sus espaldas,
había un pueblo fundado por algún normando
que cobraba un impuesto a todos los viajeros;
cerca de esta aldea había un monasterio
habitado por una banda de frailes alegres.

Eran poseedores de tierras ricas y amplias,
una huerta, un viñedo y una lechería;
siempre que moría algún viejo barón malvado,
él la añadía a sus tesoros—una hazaña nunca
antes vista—su fortuna se multiplicaba,
como si hubiera sido guardada por una especie de hada.
¡Ay! Ningún hada visitó a su anfitrión,
oh, no; mucho peor que eso, tenían un fantasma.

Un viejo pecador herético y malvado,
quizás, que había sido amurallado por sus crímenes;
de todos modos, a veces se acercaba a cenar,
cuando los monjes se divertían.
Robó las vacas más gordas y dejó las más delgadas
para suministrar toda la leche—alteró las campanadas,
y una vez se sentó en el prior del campanario,
para el asombro de todo el pueblo.

Cuando se acercó la Navidad, el abad juró
que ellos comerían su plato libres de espectros,
el demonio debe quedarse en casa—no se permiten fantasmas
en esta fiesta exclusiva. Desde el mar
compró por su cuenta una multitud
de reliquias de un santo español—y dijo:
“Si los fantasmas vienen sin ser invitados, entonces
me veré obligado a mantenerlos alejados por la fuerza”.

Él empapó con agua bendita la túnica que llevaba,
los pavos, capones y jabalíes que iban a comer,
incluso mojó al portero que sin quejarse
permanecía parado fuera de la puerta.
Para acortar una interminable historia,
no dejó inconclusa ninguna precaución sabia;
roció la habitación en la que iban a cenar,
y regó todo menos el vino.

Así, cuando se hicieron los preparativos,
los joviales epicúreos se sentaron a la mesa.
Temo que no sé mucho de los menús
de esa época—pero puedo repasar
la historia: hicieron una incursión
por cada pájaro y bestia en la fábula de Esopo
para completar su comida, pasteles y budines,
jaleas y tortas, entre otras cosas buenas.

Un imponente pavo real de pie sobre ambas patas
sostenido con dificultad para no caerse,
luego vino una vianda hecha con huevos de tortuga,
y después de eso un gran pastel de chorlito,
y jarras que contenían varios barriles
de cerveza, y queso que guardaban encubierto.
Por último, una cabeza de jabalí, que para llevarla les costó cuatro páginas,
su boca sostenía una manzana, su cráneo contenía salchichas.

Durante el brindis de Navidad los monjes cabeceaban,
una buena bebida añeja, aunque ya se había terminado—
Sus pies sobre la mesa se superpusieron
cada uno deseando no haber comido tanto ganso.
El abad, tras proponer cada brindis,
había bebido más jugo de uva del que debía.
Las luces comenzaron a arder en un azul distintivo,
como siempre lo hacen las luces en las historias de fantasmas.

Las puertas, incluso con barrotes y cerrojos seguros,
dio paso—de mi afirmación nadie puede dudar,
nadie como tú conoce mejor este hecho—
que los fantasmas son tipos a los que no se puede excluir,
es una cosa de mucho lamentar
que se permita a gente tan resbaladiza,
porque a menudo llegan en momentos incómodos,
como bien conocen todos aquellos que hayan leído esta historia.

El abad se sentó pegado a su silla,
su ojo se volvió del tamaño de cualquier dólar,
el fantasma lo tomó después bruscamente del pelo
y le pidió que lo acompañara, con acentos huecos.
Los frailes no pudieron hacer otra cosa que quedar boquiabiertos,
el espíritu tiró de él con rudeza por el cuello,
y antes de que alguien pudiera decir “¡Oh, jiminy!”
la pareja se desvaneció rápidamente por la chimenea.

Naturalmente, todos buscaron por todas partes,
pero no se pudo encontrar ni un vestigio del obispo,
los monjes, cuando alguien preguntaba, declaraban
que San Pedro arrebataría al cielo a su señor renombrado,
aunque los malvados dijeron (esos sinvergüenzas no son raros)
que el curso del Abad estaba más cerca del subsuelo;
pero la iglesia enseguida le puso a su nombre la empuñadura
de Santo, reprendiendo así todo ese escándalo.

Aunque después de esto, los monjes se volvieron más devotos,
y vivieron exclusivamente de la comida y leche para el desayuno;
cada mañana, de cuatro a cinco, uno tomaba un puñal
y azotaba a sus compañeros hasta que se volvían frailicos y buenos.
Espíritus que desde ese momento se quedaron sin comarca,
y vivieron de su admiración. Tenemos
el veraz registro de todos estos hechos
de un antiguo manuscrito hallado en las ruinas.

A Fable for Feasters

In England, long before that royal Mormon
King Henry VIII found out that monks were quacks,
And took their lands and money from the poor men,
And brought their abbeys tumbling at their backs,
There was a village founded by some Norman
Who levied on all travelers his tax;
Nearby this hamlet was a monastery
Inhabited by a band of friars merry.

They were possessors of rich lands and wide,
An orchard, and a vineyard, and a dairy;
Whenever some old villainous baron died,
He added to their hoards—a deed which ne’er he
Had done before—their fortune multiplied,
As if they had been kept by a king fairy.
Alas! no fairy visited their host,
Oh, no; much worse than that, they had a ghost.

Some wicked and heretical old sinner
Perhaps, who had been walled up for his crimes;
At any rate, he sometimes came to dinner,
Whene’er the monks were having merry times.
He stole the fatter cows and left the thinner
To furnish all the milk—upset the chimes,
And once he sat the prior on the steeple,
To the astonishment of all the people.

When Christmas time was near the Abbot vowed
They’d eat their meal from ghosts and phantoms free,
The fiend must stay home—no ghosts allowed
At this exclusive feast. From over sea
He purchased at his own expense a crowd
Of relics from a Spanish saint—said he:
“If ghosts come uninvited, then, of course,
I’ll be compelled to keep them off by force.”

He drencht the grown he wore with holy water,
The turkeys, capons, boars, they were to eat,
He even soakt the uncomplainging porter
Who stood outside the door from head to feet.
To make a rather lengthy story shorter,
He left no wise precaution incomplete;
He doused the room in which they were to dine,
And watered everything except the wine.

So when preparations had been made,
The jovial epicures sat down to table.
The menus of that time I am afraid
I don’t know much about—as well’s I’m able
I’ll go through the account: They made a raid
On every bird and beast in Æsop’s fable
To fill out their repast, and pies and puddings,
And jellies, pasties, cakes among the good things.

A mighty peacock standing on both legs
With difficulty kept from toppling over,
Next came a viand made of turtle eggs,
And after that great pie made of plover,
And flagons which perhaps held several kegs
Of ale, and cheese which they kept under cover.
Last, a boar’s head, which to bring in took four pages,
His mouth an apple held, his skull held sausages.

Over their Christmas wassail the monks dozed,
A fine old drink, though now gone out use—
His feet upon the table superposed
Each wisht he had not eaten so much goose.
The Abbot with proposing every toast
Had drank more than he ought t’have a grape juice.
The lights began to burn distinctly blue,
As in ghost stories lights most always do.

The doors, though barred and bolted most securely,
Gave way—my statement nobody can doubt,
Who knows the well known fact, as you do surely—
That ghosts are fellows whom you can’t keep out;
It is a thing to be lamented sorely
Such slippery folk should be allowed about,
For often they drop in at awkward moments,
As everybody’ll know who read this romance.

The Abbot sat as pasted to his chair,
His eye became the size of any dollar,
The ghost then took him roughly by the hair
And bade him come with him, in accents hollow.
The friars could do nought but gape and stare,
The spirit pulled him rudely by the collar,
And before any one could say “O jiminy!”
The pair had vanisht swiftly up the chimney.

Naturally every one searcht everywhere,
But not a shred of Bishop could be found,
The monks, when anyone questioned, would declare
St. Peter’d snatch to heaven their lord renowned,
Though the wicked said (such rascals are not rare)
That the Abbot’s course lay nearer underground;
But the church straightway put to his name the handle
Of Saint, thereby rebuking all such scandal.

But after this the monks grew most devout,
And lived on milk and breakfast food entirely;
Each morn from four to five one took a knout
And flogged his mates ‘till the grew good and friarly.
Spirits from that time forth they did without,
And lived the admiration of the shire. We
Got the veracious record of these doings
From and old manuscript found in the ruins.

Extraído de POEMS Written in Early Youth, by T.S. Eliot, Farrar, Straus & Giroux, New York, 1969, pp. 3-8 | Traducción de Juan Arabia | Buenos Aires Poetry, 2021 | Imagen: © The Estate of T. S. Eliot.

Texto de la versión original en The Harvard Advocate, lxxxviii, 7, 1910. Firmado: “T. S. Eliot”.  El tema de este ejercicio a la manera de Laforgue fue sugerido por la segunda estrofa de su “Locutus de Pierrot, xii”:

Encore un de mes pierrots mort ;
Mort d’un chronique orphelinisme ;
C’était un coeur plein de dandysme
Lunaire, en un drôle de corps.

Humouresque

(A la manera de J. Laforgue)

Una de mis marionetas está muerta,
pero todavía no estoy cansado del juego―
aunque me siento débil de cuerpo y cabeza,
(un títere tiene tal estructura).

Pero esta marioneta muerta
me gustaba bastante: una cara común,
(el tipo de rostro que olvidamos)
pellizcada en una mueca cómica y aburrida;

Mitad intimidación, mitad aire implorante,
boca torcida al ritmo de la última melodía;
su mirada de quién-diablo-eres;
traducida, tal vez, a la luna.

Déjalo ahí, junto a las otras inútiles cosas
del Limbo, arengando espectros;
“la moda más elegante desde la primavera pasada”,
“el estilo más reciente en la Tierra, lo juro”.

“¿Por qué no consiguen algo con más clase?”
(débil desprecio de nariz),
“tu, maldita luz de luna, peor que el gas―”
“ahora en Nueva York”― y así continúa.

Lógica de una marioneta, todas equivocadas
premisas; sin embargo en alguna estrella
¡un héroe!― ¿A dónde pertenecería?
Pero, incluso de esa forma, ¡qué máscara más bizarra!

Humouresque

(After J. Laforgue)

One of my marionettes is dead
Though not yet tired of the game―
But weak in body as in head,
(A jumping-jack has such a frame).

But this deceaséd marionette
I rather liked: a common face,
(The kind of face that we forget)
Pinched in a comic, dull grimace;

Half bullying, half imploring air,
Mouth twisted to the latest tune;
His who-the-devil-are-you stare;
Translated, maybe, to the moon.

With Limbo’s other useless things
Haranguing spectres, set him there;
“The snappiest fashion since last spring’s,
“The newest style, on Earth, I swear.

“Why don’t you people get some class?
(Feebly contemptuous of nose),
“Your damned thin moonlight, worse than gas―
“Now in New York”―and so it goes.

Logic a marionette’s, all wrong
Of premises; yet in some star
A hero!–Where would he belong?
But, even at that, what mask bizarre!


Extraído de POEMS Written in Early Youth, by T.S. Eliot, Farrar, Straus & Giroux, New York, 1969, pp. 24-25 | Traducción de Juan Arabia | Buenos Aires Poetry, 2021. 

LA NACIÓN | Daniel Gigena

Poeta, traductor y editor, Juan Arabia (Buenos Aires, 1983) publicó su nuevo libro en el prestigioso sello español Pre-Textos, que dirige Manuel Borrás, y ahora comparte catálogo con el mexicano Alberto Blanco, el cubano Cintio Vitier, la peruana Blanca Varela, Hugo Mujica y María Negroni, por nombrar autores en lengua española. Hacia Carcassonne es a la vez un tributo a la poesía provenzal y un libro de viaje (en verso) por el sur de Francia, donde resuenan ecos de juglares y trovadores. Autor de libros como El enemigo de los Thirties (de 2015, y premiado en Italia y Macedonia), Desalojo de la naturaleza (2018) y L’Océan Avare (2018), Arabia es además egresado de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires y colabora en medios gráficos con reseñas y traducciones. Participó en varios festivales de poesía en América Latina, Europa e incluso la remota Asia: en 2019, fue el segundo poeta latinoamericano invitado al encuentro Poetry Comes to Museum auspiciado por el Museo de Arte de Shanghái.

Portada de "Hacia Carcassonne", publicado por Pre-Textos
Portada de “Hacia Carcassonne”, publicado por Pre-TextosGentileza Juan Arabia

En el sello que dirige -Buenos Aires Poetry- dio a conocer traducciones de libros poco conocidos de Ezra Pound, Charles Bukowski, Mina Loy y Dan Fante, así como también antologías de poetas de la Generación Beat y de los años 1930 en Inglaterra, como W. H. Auden y Cecil Day-Lewis (el padre del actor Daniel Day-Lewis). En la revista homónima se publican poemas, entrevistas, reseñas y ensayos.

“Comencé a escribir Hacia Carcassonne en el sur de Francia: Carcassonne, Provenza, Montpellier -cuenta Arabia a LA NACION-. En ese lugar los trovadores occitanos gestaron gran parte de la poesía moderna. Había dos tradiciones claras: el trobar leu (poesía fácil, ligera, llana) y el trobar clus (poesía hermética). Esas dos tendencias dividían un poco las aguas, y esto sigue pasando. Lo interesante es que toda esa literatura recuperada era en principio oral, y quienes se atrevían a versificar de modo ‘oscuro y cerrado’ tenían menos probabilidades de perdurar en la memoria del pueblo”. De los trovadores “herméticos”, el más reconocido es Arnaut Daniel, al que Dante en La Divina Comedia definió como “el maestro artesano” (y al que deja en el Purgatorio, a diferencia de los que pasa con el infortunado Bertran De Born). El nuevo libro de Arabia recorre la obra de esos poetas en clave contemporánea.

-¿Cómo se combinan en el libro formas tradicionales y modernas de la poesía?

Hacia Carcassonne puede leerse como un libro de poesía experiencial, que surge a partir del diálogo entre lecturas de formación y un viaje por el sur de Francia, así como una galería o estudio de la poesía provenzal. El inicio de la poesía moderna en lengua vulgar comienza con los trovadores medievales, época en donde la música y la lírica resultaban inseparables. Este libro trabaja con extremos de una vanguardia ya convertida en tradición (verso libre, pausa versal, economía visual) y una tradición que ha dejado de serlo.

-¿Qué representa la publicación en un sello como Pre-Textos?

-Es una forma de reactivar la formación: es una editorial que lleva cuarenta años publicando material, y yo tengo 38. Me formé leyendo muchos de sus libros, como Memoria de los poetas de los lagos, de Thomas de Quincey, o la poesía de Dante Gabriel Rossetti.

-¿En qué tradición se inscribe tu obra poética, en la que abundan referencias a poetas extranjeros?

-Podría decirse que me interesa más la poesía hermética, capaz de generar un lector activo, productor de múltiples sentidos. Esto ya funcionaba como una distinción para los mismos trovadores: el trobar clus y el trobar leu. Aunque esta disputa no debe leerse en términos de “facilidad” o “complejidad” de lectura, sino en términos de instrumentalización y unidimensalización del lenguaje.

-¿Cómo ves el panorama de la poesía en el país y en lengua española?

-Creo que las mayores diferencias se están dando a nivel estructural. En los últimos años, y por el surgimiento de muchos proyectos emergentes, se está comenzando a leer poesía sin tener que pasar por España. Antes esto no funcionaba de esta forma: ahora se están abriendo intercambios directos entre países latinoamericanos.

-¿Es sencillo combinar las tarea de editor, escritor y traductor?

-No hay muchas distinciones, porque básicamente me dedico a la poesía todo el día: cuando no estoy leyendo, hago traducciones o escribo crítica de poesía. Aunque el momento donde todo parece converger como un flujo sedimentado, como un proceso de síntesis, donde todo confluye, incluida mi propia vida y experiencia, es en mi propia obra poética.

-¿Cuál es el sello distintivo de Buenos Aires Poetry?

-Por un lado se les está dando mucho lugar y voz a nuevos autores de todo nuestro continente, especialmente de México y Chile; y por otro lado, se están publicando libros o autores que no estaban en circulación. Por ejemplo, los primeros libros de Pound (LustraExultations) o la poesía de Mina Loy, que ahora se reedita de forma ampliada, en traducción de Camila Evia, o la de Dan Fante. Lo mismo podría decir del reciente libro que editamos con Rodrigo Arriagada Zubieta: Thirties Poets. Solo se conseguían algunas cosas de W. H. Auden en nuestro idioma, pero absolutamente nada de Cecil Day-Lewis, Louis MacNeice o Stephen Spender.

No hay evidencia que demuestre cuándo se envió este poema a Poetry (Chicago), de la cual Harriet Monroe fue fundadora y editora*. Hubo un intervalo de cinco años entre la “Class Ode” de Harvard y la próxima aparición de Eliot en forma impresa, con The Love Song of J. Alfred Prufrock, que se publicó, por recomendación de Ezra Pound, en el número de Poetry de junio de 1915. “La muerte de San Narciso” probablemente se escribió durante este intervalo, pero ciertamente no se escribió en tipo con miras a su publicación hasta después de la aparición de “Prufrock” .
Por otro lado, el hecho de que sus primeras líneas fueran incorporadas casi exactamente en The Waste Land (1922) no debe tomarse como una fecha posterior para su composición:

There is shadow under this red rock
(Come in under the shadow of this red rock),
And I will show you something different from either
Your shadow at morning striding behind you
Or your shadow at evening rising to meet you

*  La prueba de galera original, finalmente nunca publicada, es conservada en la Colección Harriet Monroe de la Universidad de Chicago.

La Muerte de San Narciso

Ven bajo la sombra de esta gris roca—
Entra bajo la sombra de esta gris roca
y te mostraré algo diferente de tu
sombra que se extiende sobre la arena al amanecer,
o tu sombra saltando detrás del fuego de la piedra roja:
te mostraré su tela ensangrentada y sus miembros
y la gris sombra en sus labios.

Alguna vez caminó entre el mar y los altos acantilados
cuando el viento lo hizo consciente de que sus miembros se cruzaban suavemente
y de sus brazos cruzados sobre el pecho.
Cuando caminaba por los prados
su propio ritmo lo sofocaba y lo calmaba.
Junto al río
sus ojos eran conscientes de las esquinas puntiagudas de sus ojos
y sus manos conscientes de las afiladas puntas de sus dedos.

Abatido por tal conocimiento
no pudo vivir al estilo de los hombres, sino que se convirtió en un bailarín antes Dios
si caminaba por las calles de la ciudad
parecía pisar los rostros, muslos y rodillas convulsivas.
Entonces salió del fondo de la roca.

Primero estuvo seguro de que había sido un árbol,
torciendo sus ramas entre sí
y enredando sus raíces una con otra.

Luego supo que había sido un pez
con el resbaladizo vientre blanco apretado entre sus propios dedos,
retorciéndose en su propio puño, su antigua belleza
atrapada rápidamente en las puntas rosadas de su nueva belleza.

Después había sido una muchacha
atrapada en el bosque por un viejo borracho
conociendo al final el sabor de su propia blancura,
el horror de su propia suavidad,
y se sintió borracho y viejo.

Entonces se convirtió en un bailarín para Dios,
porque su carne estaba enamorada de las flechas ardientes
bailó sobre la arena caliente
hasta que llegaron las flechas.
Mientras las abrazaba, su piel blanca se rindió
al enrojecimiento de la sangre, hallando satisfacción.
Ahora está verde, seco y manchado
con la sombra en su boca.

The death of Saint Narcissus

Come under the shadow of this gray rock—
Come in under the shadow of this gray rock,
And I will show you something different from either
Your shadow sprawling over the sand at daybreak, or
Your shadow leaping behind the fire against the red rock:
I will show you his bloody cloth and limbs
And the gray shadow on his lips.

He walked once between the sea and the high cliffs
When the wind made him aware of his limbs smoothly passing each other
And of his arms crossed over his breast.
When he walked over the meadows
He was stifled and soothed by his own rhythm.
By the river
His eyes were aware of the pointed corners of his eyes
And his hands aware of the pointed tips of his fingers.

Struck down by such knowledge
He could not live men’s ways, but became a dancer before God.
If he walked in city streets
He seemed to tread on faces, convulsive thighs and knees.
So he came out under the rock.

First he was sure that he had been a tree,
Twisting its branches among each other
And tangling its roots among each other.

Then he knew that he had been a fish
With slippery white belly held tight in his own fingers,
Writhing in his own clutch, his ancient beauty
Caught fast in the pink tips of his new beauty.

Then he had been a young girl
Caught in the woods by a drunken old man
Knowing at the end the taste of his own whiteness,
The horror of his own smoothness,
And he felt drunken and old.

So he became a dancer to God,
Because his flesh was in love with the burning arrows
He danced on the hot sand
Until the arrows came.
As he embraced them his white skin surrendered itself
to the redness of blood, and satisfied him.
Now he is green, dry and stained
With the shadow in his mouth.

Extraído de POEMS Written in Early Youth, by T.S. Eliot, Farrar, Straus & Giroux, New York, 1969, pp. 28-30 | Traducción y Nota de Juan Arabia | Buenos Aires Poetry, 2021

Texto de la versión original en The Harvard Advocate, lxxxvi, 9, 26 de enero de 1909. Firmado: “T. S. E.”. No incluido en las reimpresiones de The Harvard Advocate de 1938 y 1948. Publicado por primera vez en The Undergraduate Poems of T. S. Eliot, 1948.

Canción

La flor de luna se abre a la polilla,
la niebla se arrastra desde el mar;
un gran pájaro blanco, un búho nevado,
se desliza del árbol de aliso.

Más blancas son las flores que sostienes, Amor,
que la blanca niebla sobre el mar;
¿no tienes flores tropicales más brillantes,
con vida escarlata, para mí?

Song

The moonflower opens to the moth,
The mist crawls in from sea;
A great white bird, a snowy owl,
Slips from the alder tree.

Whiter the flowers, Love, you hold,
Than the white mist on the sea;
Have you no brighter tropic flowers
With scarlet life, for me?


Extraído de POEMS Written in Early Youth, by T.S. Eliot, Farrar, Straus & Giroux, New York, 1969, p. 22 | Traducción de Juan Arabia | Buenos Aires Poetry, 2021. 

Extraído de POEMS Written in Early Youth, by T. S. Eliot, Farrar, Straus & Giroux, New York, 1969, p. 19 (original version in The Harvard Advocate, lxxxvi, 4, November 13 th, 1908. Signed: “T. S. E.”) | Traducción de Juan Arabia, Buenos Aires Poetry, 2020. 

Antes del Amanecer

Mientras todo el Este se tejía de rojo y gris,
las flores en la ventana se volvieron hacia el amanecer,
pétalo sobre pétalo, esperando el día,
flores frescas, flores marchitas, flores del amanecer.

Las flores de esta mañana y las flores de ayer
su fragancia fluye por la habitación al amanecer,
fragancia del brote y fragancia de la descomposición,
flores frescas, flores marchitas, flores del amanecer.

Before Morning

While all the East was weaving red with gray,
the flowers at the window turned toward dawn,
petal on petal, waiting for the day,
fresh flowers, withered flowers, flowers of dawn.

This morning’s flowers and flowers of yesterday
their fragrance drifts across the room at dawn,
fragrance of bloom and fragrance of decay,
fresh flowers, withered flowers, flowers of dawn.

El título de la Sección I de “Hugh Selwyn Mauberley” se traduce como “Oda para la elección de su propio sepulcro”. Se supone que esta es la sección autobiográfica de Ezra Pound de su poema, y también es una referencia a las odas escritas por Pierre de Ronsard, un poeta francés que fundó una escuela llamada La Pléiade.

II

La época exigía una imagen
de su mueca acelerada,
algo para el escenario moderno.
en cualquier caso, no una gracia Ática;

y no, por cierto, los oscuros ensueños
de la mirada interior;
¡mejor la mendacidad
que los clásicos en paráfrasis¹!

La “época exigía” principalmente un molde de yeso,
hecho sin pérdida de tiempo,
un kinema² en prosa y no, por cierto, el alabastro
o la “escultura” de la rima.

II
The age demanded an image
Of its accelerated grimace,
Something for the modern stage,
Not, at any rate, an Attic grace;
 
Not, not certainly, the obscure reveries
Of the inward gaze;
Better mendacities
Than the classics in paraphrase!
 
The “age demanded” chiefly a mould in plaster,
Made with no loss of time,
A prose kinema, not, not assuredly, alabaster
Or the “sculpture” of rhyme.
NOTAS
¹ Ruthven anota: “Notablemente en HOMAGE TO SEXTUS PROPERTIUS” (K. K. RUTHVEN, A Guide to Ezra Pound’s Personae, University of California Press, California, 1969, p. 30)
² Ortografía británica de cine. Ruthven, por su lado, retoma de Pound: “The cinema is not Art” (New Age, Sept. 26, 1918) (K. K. RUTHVEN, A Guide to Ezra Pound’s Personae, University of California Press, California, 1969, p. 30)

Extraído de POETRY (Chicago) | Traducción y notas de Juan Arabia | Buenos Aires Poetry, 2021.