José Domingo Gómez Rojas | Rebeldías Líricas (Publicado en Diario Perfil, 01 de noviembre de 2020)

De José Domingo Gómez Rojas (1896-1920) importan tanto sus poemas como su historia. Con sólo diecisiete años publicó Rebeldías Líricas (del que no sólo se publican poemas en esta antología), un libro profético que resultaría su única publicación en vida.

Simpatizaba con los obreros y anarquistas de la época, leía sus poemas en espacios públicos. Según el prologuista del libro, Nicolás Vidal, luego de terminar el liceo Gómez Rojas habría atravesado la cordillera a pie, para quedarse unos meses en Mendoza donde se hizo conocido y admirado dentro del ambiente anarquista.

A su regreso estudió Derecho en la Universidad de Chile y militó en las juventudes radicales, siendo parte del 24° Consejo de la Federación Obrera de Chile.

En 1920 se llevó a cabo “el proceso a los subversivos”, un año de represión del Estado chileno en contra de estudiantes y anarquistas que llevó a la cárcel a cerca de mil personas con las más insólitas pruebas.

Es el caso del joven poeta que, acusado de pertenecer al movimiento Industrial Workers of the World, fue procesado por el juez José Astorquiza.

La relación de Gómez Rojas con Astorquiza fue conflictiva desde un comienzo, y se podría alegar que la muerte del poeta fue precedida por una tortura mental y física: “No tiene derecho a dormir: un insomnio obligado (…). El frío es horroroso en esa celda inmunda (…). Y el poeta no come, no duerme (…). En ese estado frenético solo le queda gritar. Lo amordazan. ‘El poeta finge’, aseguran sus carcelarios. Entonces, al no tener voz, comienza a arañarse la cara y su rostro de a poco se va desfigurando. ‘Sigue fingiendo’, repiten. Le amarran las manos. Le amarran los pies. Lo desnudan, recibe baldes de agua fría”.

Bajo esas condiciones, contrae difteria y luego meningitis, y finalmente muere con sólo 24 años.

La poesía de Gómez Rojas, dentro de un lirismo místico y desamparado, prefiguró no sólo su propio destino, sino el de la oscura y trágica historia de Chile, así como la de muchos otros países sudamericanos: “habréis de regresar, en los éxodos / a las eternas noches del olvido.”, “El paisaje brumoso / serpentea en los cerros, tortuoso / y se desliza por las calles planas”, “El sol en el crepúsculo se apaga / como un rojo pendón… todo sangriento”.

José Domingo Gómez Rojas, Rebeldías Líricas, Ediciones Universidad Diego Portales, 2020.

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Extraído de BLAST I, edited by Wyndham Lewis, January 1914 | Ezra Pound en BLAST I & II (Colección Abracadabra, Buenos Aires Poetry, Diciembre, 2020). Traducción de Juan Arabia.

TERCERA SALUTACIÓN*

Ridiculicemos la presunción de “The Times”:
¡CARCAJADA!
……..Demasiado para los críticos amordazados,
Se les pagará cuando los gusanos se retuerzan en sus órganos vitales;
Estos son los que objetaron la novedad,
AQUÍ están sus LÁPIDAS.
……..Apoyaron la mordaza y la pelea:
Una pequeña CAJA Negra los contiene.
……..Y a ustedes también habrá de pasarles,
A ti, obstruccionista con barriga de puta,
A ti, enemigo declarado de la libertad de expresión y de la buena literatura,
A ti, hongo, a ti, gangrena continua.

Vamos, hagamos un nuevo pacto,
……..Terminemos con los Usureros y los Codiciosos,
ESCUPAMOS sobre los que adulan a los JUDÍOS por su dinero,
Salgamos a los pastos.

QUIZÁS yo muera a los…

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José Miguel Ibáñez, Para leer a Parra, Ediciones Universidad Diego Portales, Santiago de Chile, 2020, 92 p.


Recientes exposiciones artísticas y publicaciones, además de los problemas judiciales y disputas que surgieron entre las dos ramas de sus hijos por administrar la herencia del poeta, siguen poniendo a Nicanor Parra (1914-2018) en un lugar de constante mediatización.


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Si algo buscó Parra a lo largo de toda su carrera, combinando matices ytransformándoseen un verdadero héroe de la ironía y de la ocultación, fue captar la atención de los más diversos sectores.

Porque incluso haciendo constante burla al género de lapoesíaasí como a los héroes de su Olimpo, tanto en contenido y forma, logró atraer y seducir a críticos ortodoxos y conservadores como Harold Bloom, recibir el Premio Cervantes en 2011, así como ganar la admiración de los poetas más contestatarios y radicales, como Allen Ginsberg, LawrenceFerlinghettiy Roberto Bolaño.

Por no…

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Presentamos dos versiones del poema “THE STUDY IN AESTHETICS” de Ezra Pound (Lustra. London: Elkin Mathews, 1916) por Jorge Aulicino & Juan Arabia.

EL ESTUDIO EN ESTÉTICA

(Versión de Jorge Aulicino)

Chicos muy chicos de ropa remendada,
en un golpe de inusual sabiduría,
detuvieron sus juegos al paso de ella
y gritaron desde los adoquines:
………..Guarda! Ahi, guarda! ch´è be’a!*

Pero tres años después
escuché al joven Dante, cuyo apellido ignoro,
porque hay allí, en Sirmione, veintiocho Dantes y
treinta y cuatro Catulos;
y habían sacado una gran redada de sardinas,
y sus mayores
las estaban guardando en grandes cajas de madera
para venderlas en Brescia, y él
saltaba alrededor, metiendo mano en el brillante pescado
y agarrándolo de cualquier forma;
inútilmente le decían sta fermo!**
y como no le dejaron acomodar
el pescado en las cajas,
él acariciaba a los que estaban…

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Nacida en 1927, Li Zhao adoptó el diminutivo de su infancia “Hui Wa” como seudónimo cuando comenzó a escribir poesía. Obligada a trasladarse de Xi’an al campo de Shaanxi por el estallido de la Segunda Guerra Mundial, más tarde se trasladó a Yan’an para asistir a la escuela. Su mala salud en los años cuarenta y cincuenta significó trasladarse entre Nanjing y Beijing para recibir tratamiento. En 1955 se matriculó en la Universidad de Pekín para estudiar ruso, pero su carrera posterior como traductora se vio truncada por una enfermedad. Su colección Mountain Ghosts ‘Old Home se publicó originalmente en 1997.

sin título

………nadie
…..se atreve
a secar mis lágrimas

sus huellas
…..están
………ardiendo

untitled

………no one
…..dares
to wipe my tears

their traces
…..are
………burning hot

(translated by Tommy W. K. Tao)

Sólo queda un pájaro cantando
Sólo…

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Extraído de POEMS Written in Early Youth, by T.S. Eliot, Farrar, Straus & Giroux, New York, 1969, p. 26 (original version in The Harvard Advocate, lxxxvi, January 26th, 1919. Signed: “T. S. E.” Not included in The Harvard Advocate reprints of 1938 and 1948, First reprinted in The Undergraduate Poems of T.S. Eliot, 1948) | Traducción de Juan Arabia, Buenos Aires Poetry, 2020. 

Canción

Cuando llegamos a casa al otro lado de la colina
….No cayeron hojas de los árboles;
….Los suaves dedos de la brisa
No habían arrancado ninguna telaraña temblorosa.

El seto todavía germinaba con flores,
….No había pétalos marchitos debajo;
….Pero las rosas silvestres en tu corona
Desaparecieron, y las hojas quedaron descoloridas.

Song

When we came home across the hill
….No leaves were fallen from the trees;
….The gentle fingers of the breeze

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Kaneko Misuzu | El alma de las flores (Publicado en Diario Perfil, 26 de enero de 2020)

Pocas veces se combinan experiencias tristes y desdichadas con resultados literarios felices. Es el caso de Kaneko Misuzu (Nagato, Japón, 1903-1930), poeta que se quitó la vida a los veintiséis años tras una larga y tortuosa relación de pareja, y de la que se publica ahora esta selección de sus poemas por primera vez en nuestro idioma.

Sabemos que su marido, además de resultar infiel, por medio de sus privilegiados derechos parentales la fue separando del mundo de los libros y le prohibió la escritura. Aunque su desgracia recién comenzaba.

Kaneko Misuzu fue contagiada por su esposo de una grave enfermedad sexual, y la pareja se divorció finalmente en 1930. No alcanzó todo esto a su exmarido, quien reclamó luego la custodia de su pequeña hija, y la poeta vencida física y emocionalmente se suicidó con una sobredosis de calmantes.

Habiendo sólo publicado algunos poemas en revistas, y tras largos años de completo olvido, fue el poeta y estudioso Setsuo Yazaki quien encontró uno de sus trabajos en una Colección de poemas infantiles de Japón.

Yazaki se demoró dieciséis años en encontrar al hermano de ella, quien seguía conservando los tres cuadernos que contenían los 512 poemas que la poeta había compilado antes de morir.

Pese a todo esto, los poemas de Kaneko Misuzu comprueban un optimismo desbordante, celebran al mundo y a la naturaleza desde un modo que sólo resulta visible para ella.

En ellos, además, quedan asentados los aportes más valiosos de la tradición de la poesía oriental, como la sencillez y el tratamiento directo de la cosa, sin artificios ni adjetivaciones: “En el cielo / una alondra canta, / están arando / el campo de tréboles”; “El paraguas del vendedor viajero / arrastra una pequeña sombra / por la calle blanca y cegadora del mediodía”.

El tratamiento directo se complementa con la yuxtaposición de imágenes concretas, y a la vez cimentadas en imágenes profundas, imágenes de naturaleza extraña y evocativa, cercanas a las representaciones surrealistas: “Nuestros ojos, / botellas de genios”; “En la profundidad del cielo azul, / como guijarros en el mar, / sumergidas, hasta que llega la oscuridad, / están las estrellas, / invisibles a la luz del día”.

Kaneko Misuzu, El alma de las flores. Traducción de Yumi Hoshino y María José Ferrada, Satori Ediciones, 2019.

William Carlos Williams | Paterson. Traducción de Silvia Camerotto (Publicado en Revista Ñ, 27 de agosto de 2020)

 — Nueva traducción, integral, de Paterson, de William Carlos Williams, un celebrado clásico de la lírica norteamericana.

La poesía moderna siempre necesitó superar la barrera existente entre las formas de versificación clásicas y las nuevas y fluctuantes formas de producción de sentido.
De la misma forma que una lengua no es un sistema cerrado, la poesía tampoco puede responder a exigencias de orden de antaño.
Aún hoy muchos creen que la utilización del metro y la rima responde a un carácter intrínseco del género, cuando en realidad fueron necesidades propias de una época que no tenía la facilidad de reproducir aquello que le parecía valioso y que por tanto recurría a la memorización.
Incluso así, ya desde el siglo XIII, muchos trovadores como Arnaut Daniel arriesgaron formas de versificación herméticas y cerradas, imitando en su ritmo el sonido de los pájaros y por tanto limitando y dificultando la posible memorización y circulación de su obra en la posteridad.
Cuando William Carlos Williams comenzó a escribir Paterson, el modelo que imperaba y triunfaba en su propio idioma era el de T.S. Eliot, un poeta estadounidense que ─con absoluta originalidad─ absorbía en sus trabajos lo mejor de la herencia de la cultura europea y que, sin embargo, no había hecho demasiado por encontrar lo propio del verso y el ritmo de la cultura norteamericana, sino responder a las exigencias del oído y percepción del habla inglesa.
Así recordaba todo esto Williams años más tarde en su Autobiografía: “Tuve que observar como él [Eliot], el idiota, me robaba el mundo, entregándoselo al enemigo”.
Paterson es, en ese sentido, la ejecución de un programa poético. Por un lado, con una exigencia explícita ya desde su comienzo: “no hay ideas sino en las cosas”. Algo muy simple pero que no puede significar otra cosa que el lenguaje no es el vestido sino la encarnación de los pensamientos, la experimentación del poema como una realidad inmediata.
Y la búsqueda de Williams se da precisamente en el intento de representar la fidelidad de esa experiencia, incorporando los elementos propios del habla estadounidense.
Esta exigencia se hace visible, además de la incorporación de distintas temáticas, territorios y clases sociales, a partir de la introducción de las pausas versales o versos sangrados (facilitando una relación estrecha entre un verso y otro, añadiendo velocidad rítmica) y mediante la invención de lo que Williams denominó “pie variable”, una estructura de composición que responde a las acentuaciones fuertes en términos de duración en el tiempo, a diferencia del conteo tradicional de sílabas.
Al final del libro primero de Paterson, el poeta recurre a una cita de John Addington Symonds para dar a conocer mejor algunas de sus ideas abordadas: “Al aceptar este metro vacilante, los griegos demostraron su agudo sentido estético de la corrección, reconociendo la armonía que subsiste entre los versos duros y los temas retorcidos de los que se ocupan (…). El verso deforme era apto para la moralidad deforme”.
Esta reciente e íntegra edición, que incluye además los fragmentos de una sexta parte de Paterson que fueron encontrados en los papeles de Williams luego de su muerte, intenta homologar el cuidado del poeta y representar de forma “parcialmente” fidedigna todos estos elementos que hoy forman parte de la terminología precisa del verso libre.
Posiblemente Paterson responda a aquello que Ezra Pound, su amigo, había exigido a su época y al arte de vanguardia con su mandato “Make it new” (hacerlo nuevo).
Uno puede pasar de una lectura automática, carente de goce estético, a versos esenciales y maravillosos como: “La provincia del poema es el mundo. / Cuando sale el sol, sale en el poema / y cuando se pone y cae la oscuridad / el poema es oscuro”.
Porque obras como Paterson, así como los Cantos de Pound o el Ulises de Joyce, presentan un sistema de sobrecarga, un plusvalor que posiciona muchas veces a sus propios programas por encima de la experiencia poética.
O dicho de otro modo, pero con cierto optimismo: se trata de obras que aún no hallan un terreno del todo fértil, como un barco sin anclaje, y que sólo encuentran un horizonte de sentido en la difusa posteridad.

William Carlos Williams, Paterson. Traducción de Silvia Camerotto, Ediciones en Danza, 2020, 234 p.

Anne Carson | Tipos de agua: El camino de Santiago (Publicado en Diario Perfil, 10 de mayo de 2020)

Tipos de agua: El Camino de Santiago de Anne Carson (Toronto, 1950), cuyo título original es Kinds of Water: An Essay on the Road to Compostela, es un libro muy extraño, profético y que trabaja desde muchas capas textuales.
La primera de ellas, la más evidente: una especie de diario que rescata la experiencia del camino del peregrinaje hacia Santiago de Compostela, ciudad en la que muchos afirman haber encontrado los restos del Apóstol Santiago.
Otra capa, más oculta, ya que cada uno de los capítulos comienza con distintos versos de escritores japoneses (Zeami, Gensei, Basho, Shohaku y Tadamine, entre otros) y que funciona como una estricta y minimalista antología de dicha tradición oriental.
Por último, y desde la construcción narrativa, la autora se construye dialógicamente con un personaje que la acompaña en su camino, al que llama –no casualmente– “Mi Cid”, y con el que recorre por algunos caminos de la España medieval del Cantar de mío Cid, como la provincia de Burgos.
Como una declaración de principios, y por tanto como un reconocimiento de sus límites literarios, Anne Carson escribe en el comienzo del libro: “Soy una peregrina (no novelista) y la única historia que tengo que contar es el camino en sí. En cualquier caso, nadie puede escribir una novela sobre un camino, del mismo modo que no puedes escribir una novela sobre Dios, simplemente porque no puedes darle la vuelta”.
Así las cosas, lo que queda por delante es un gran recorrido por el Camino de Santiago, pasando por León, Arzúa, Astorga, Compostela y Finisterre, donde la autora se luce página tras página con su talento poético: “Unos pétalos de rosa están siendo barridos en los escalones de la iglesia mientras pasamos y los rostros de la entrada se iluminan en un vago lamento”; “El agua se abandona a sí misma. El oro no. El oro se apodera de la vida”; “Las amapolas destellan a lo largo del camino, en medio de trozos oscuros de pan oxidado. Al mediodía, las cigarras dejan que sus gargantas rojas reviente. El rojo, me informa Mi Cid, es el único color que los lobos ven”.

Anne Carson, Tipos de agua: El camino de Santiago, Vaso Roto, 2018. 

Luis Chitarroni | Pasado mañana. Diagramas, críticas, imposturas (Publicado en Diario Perfil, 11 de Octubre de 2020)

Cuando la crítica literaria trasciende y absorbe disímiles formaciones y tradiciones, el paso se hace más significativo. Deudor de los ensayos de Chesterton y Borges, aunque por otro lado asumiendo riesgos y tensiones locales (ideológicas y estéticas, desde David Viñas hasta César Aira), este nuevo volumen incluye muchos trabajos (columnas, artículos, obituarios y prólogos) de Luis Chitarroni.

Sin ningún tipo de método o repetición, y sin estar contaminado por ningún tipo de sentido común académico, el despliegue elíptico de sus páginas suelta todo tipo de espuma.

Un cierto tipo de saber enciclopédico, o bien una simple forma de felicidad por la lectura, anclado en cierta nota marginal y postura: “Para quienes leímos a Bolaño de grandes, después de haber leído a Borges, a Wilcock y a Lihn, la experiencia resultó placentera, por supuesto, pero nunca reveladora (…). Quiero decir, la generación de escritores en quienes el influjo de Bolaño persiste es mucho más joven que Guebel o yo. Nosotros crecimos con Aira, que era más próximo y nunca se exilió”.

A diferencia de muchos críticos letrados, devenidos analistas políticos y culturales (oportunismo mediático, determinado modelo de intelectual en Argentina), Chitarroni se ha quedado frente al verdadero mundo de las letras, y por eso puede hacer mediaciones más amplias, como pasar en un párrafo por un disco de Jimi Hendrix, Brian Epstein y modular un verso del Cathay de Ezra Pound, todo en la misma línea.

El libro incluye escritos sobre numerosos autores, desde Charles Dickens, Thomas Hardy, Sherwood Anderson, William Faulkner y John Cage, hasta Manuel Puig, Bioy Casares, Daniel Guebel y poetas no muy reconocidos como Gerardo Deniz (“Deniz empañó las lentes de sus quevedos con Góngora en el ojo izquierdo y Marcabru en el derecho”).

La felicidad de estas páginas se despliega, además, a partir de las vivencias de Chitarroni con autores como David Viñas (del que recuerda decir, en aquellos momentos cuando la crítica literaria y la vida se hacían una: “A mí no me falta, como a Borges, sangre italiana para ser argentino”) y Enrique Fogwill (“Quique me contó de su enfisema, pero ni siquiera entonces caí en la cuenta de que Fogwill era mortal”).

Luis Chitarroni, Pasado mañana. Diagramas, críticas, imposturas, Ediciones Universidad Diego Portales, 2020.